Ando de recolecta porque no sé cómo lo voy a hacer para poderme permitir los dos conciertos que más feliz me podrían hacer en la vida.
Siempre va de chico bueno, pero por una vez, y sin que sirva de precedente, rompe con su imagen habitual para encarnar al protagonista de un psychothriller ficticio.
Masturbarme es el único deporte que soy capaz de practicar en estas fechas de tanto calor.
Viene bien que Abel Arana diga en el prólogo de esta su primera novela que la historia es más falsa que las tetas de Ana Obregón.
He empezado el año hambrienta. Y no es ansia de dulces lo que tengo, sino de estrellas.