"Todo lo que ayer hice por amor hoy lo hago por dinero". Escuchar a Alaska cantar esta frase, la primera de Plegarias atendidas, confirma la evolución de Fangoria, que años ha también recurrió a las guitarras para reforzar El dinero no es nuestro dios. El disco blanco de Alaska y Nacho Canut es un ejercicio de libertad que les permite recuperar el espíritu punk que con tanta fe cultivaron décadas atrás.
Cómodamente instalados en el mainstream y -por lo que se escucha en este trabajo- encantados de seguir fomentando la conexión con un público lo más amplio posible, Fangoria pasan de hacer lo que se espera de ellos y se dedican a divertirse. Así les ha salido un artefacto de entretenimiento directo, sin aristas, transparente. La sutilidad la reservan para algunas de las atormentadas letras marca de la casa, mientras que en el continente han apostado por el abrefácil, lo cual no deja de confirmar que aman el peligro. ¿Quién va a negar que Fangoria nunca han sonado tan pulidos, ni la voz de Alaska tan mimada, como cuando les producía Carlos Jean? Aunque podían haber jugado sobre seguro, han preferido abrir una página en blanco que se inicia con un "extraño viaje" a su aire, sin casarse con nadie y reivindicándose a sí mismos con todo el descaro. Porque Fangoria lo valen, no nos engañemos.
Su nuevo disco se abre con la inquietante Fantasmas, que nos retrotrae a los tiempos del volumen 2.0 de Un día cualquiera en Vulcano (curiosamente, otro momento en el que se dedicaban a hacer lo que les placía sin dar cuentas a nadie). Acto seguido llega Criticar por criticar, en donde se abandonan a la fiebre disco-chochi que cíclicamente les posee. Si El cementerio de los sueños recuerda a Dinarama en la época de Canciones profanas, Si lo sabe Dios que se entere el mundo (una oda a la necesidad de salir del armario que provocará delirios) habría encajado perfectamente en Fan fatal. Esta última, como Cuestión de fe (el Miro la vida pasar de este disco) y Ni contigo, ni sin ti (entre 2Unlimited y Kate Ryan) están destinadas a ser bailadas y coreadas hasta la saciedad en los próximos meses. Aunque si lo que buscas es emocionarte, refúgiate en las joyas de mayor relumbrón del disco, dos electro-boleros titulados A fuerza de vivir y Nada más que añadir. Una con aires fronterizos y la otra con aromas siniestros, resultan paradas obligatorias en un viaje en el que Fangoria, a pesar de las turbulencias, llegan a buen puerto.
Por Agustín Gómez Cascales