En el video de Ni una sola palabra, se transmuta en una Barbarella de nuevo cuño para demostrar las aptitudes sobrehumanas que puede llegar a desarrollar una artista con cosas por decir. Entrevista: Estefanía Ortiz
Si nos ponemos a analizar el cómic de las últimas décadas vemos cómo los personajes femeninos siempre han estado relegados a un segundo plano en sus historias. Sin embargo, con el paso del tiempo, cada vez son más las dibujantes que han logrado hacerse un hueco en la industria y cambiar con su lápiz esta situación. En la música, tampoco las cosas han sido muy diferentes.
Aunque no hay duda de que no es lo mismo intentar abrirse hueco en el machista mundo del rock que mostrar tu talento en el del pop, siempre permeable a algo más que los excesos de testosterona. En este último caso, no son pocas las artistas que han tenido que arrastrar continuamente el comentario de que eran meros productos monos y resultones en manos de un ávido productor y cerebro en la sombra.
Llegados a este punto, si hay algo que se puede decir de Paulina Rubio (más allá de sus declaraciones y de todo lo que rodea al universo público de la mexicana) es que se ha resistido como pocas, con uñas y dientes de por medio, a que la tildasen de cantante florero o con ninguna gracia mayor que explotar su lado provocador, por aquello de que la carne vende. Con penacho indio o sin él, más o menos rubia, más polémica o más comedida, la Rubio tiene muy claro que ella no está aquí para que otros lleven su carrera sin dejarla opinar, y lo ha demostrado con creces disco tras disco. Tal vez porque, cuando llevas desde tu más tierna infancia metida en la farándula -a los tres años hizo de extra en una película de mamá, a los siete tuvo su primer papel y, desde los diez, estuvo con el grupo Timbiriche (un sucedáneo del grupo puertorriqueño Menudo al gusto de Televisa)- sabes de qué va la historia y qué personaje quieres interpretar en ella, tanto encima del escenario como en la vida real.
"A mí lo que me cuesta es no ser algo", reconoce la cantante en la suite madrileña que le sirve de cuartel general durante la promoción. "Soy exactamente igual en todas las facetas de mi vida, ya sea la profesional o la personal. Y no pienso en cómo me comporto o me dejo de comportar, porque creo que nunca me he visto haciendo algo que no saliese directamente de mí".
Ahora, lo que le ha salido a Paulina Rubio es Ananda, del que dice que es su trabajo más orgánico hasta la fecha. "Es un disco muy autobiográfico, pero siempre hay que guardar algo para mantener el misterio, y eso es algo que he hecho. Utilizo el adjetivo ‘orgánico' para definirlo porque este nuevo disco habla mucho de mí, está a flor de piel continuamente, en cada una de las canciones. Claro que no soy la misma persona a distintas horas del día o dependiendo del estado de ánimo, pero eso es lo bueno, porque así son las canciones. En Ananda se escuchan las olas, se siente el aire en el mar, huele a quesadillas...".
La misma Paulina reconoce que no ha sido tarea fácil esta compilación de sabores y olores, y que para mostrarla se tuvo que apartar obligatoriamente de los focos para tomar aire, descansar e intentar superar la barrera de artista más vendedora de Latinoamérica en el 2004. En resumen, tuvo que prepararse para un nuevo combate. "Llevo tanto tiempo en esto que necesito parar de vez en cuando; si no, sería imposible. Así que este último año me he dedicado a respirar, a vivir y a no tener ningún plan en concreto. Estar durante doce meses sin prestar una atención continua a tu trabajo me lo ha aportado todo. Me ha enriquecido como ser humano, me ha ayudado a encontrar de nuevo mi centro, a cambiar de piel, a regenerarme".
Tanto se ha regenerado Pau que ahora ha decidido firmar los discos como P. Blonde ("simplemente porque me gusta como suena mi nombre en inglés"), y a inaugurar una nueva forma de trabajo en su trayectoria: la colaboración.
Ya que Ananda significa "felicidad" en sánscrito, Paulina comprendió que ese "todo es perfecto" del que presume habitualmente sería aún mayor si invitase a participar en este nuevo trabajo a todos los amigos que ha hecho a lo largo de estos años. Y, en sus palabras, suena tan exageradamente happy que entran ganas de preguntarle si no es una exageración verlo todo tan de color de rosa. "¡Qué va! Yo veo todo de ese color, como la carátula del disco y como mi casa", afirma entre risas. "Así son los sentimientos; de esa forma visualizo las cosas. Yo soy así: una artista, y no un agente de publicidad siempre pendiente de números. Mi música lo transmite perfectamente".
Con ese espíritu, su cuartel central en Miami (su casa y estudio, también de nombre Ananda) "sufrió" durante este tiempo un continuo trajín de idas y venidas de músicos de toda clase. Cachorro López, Juanes, Coti, Xabi (teclista de La Oreja de Van Gogh y autor del single Ni una sola palabra) y Julieta Venegas fueron algunos de los que pasaron por allí para participar en la composición y producción. "Con toda la gente con la que colaboro tengo que conectar; si no conecto, no trabajo contigo. No me considero egoísta, pero sí es verdad que ésta es la primera vez que compartía un disco con amigos. Nunca me lo había planteado, todo sucedió de manera espontánea. En cuanto al jaleo, en mi casa siempre lo hay, así que esta vez tampoco fue diferente".
De buen rollo
Llama la atención que una diva de la canción mexicana como Julieta Venegas, en pleno subidón comercial con Limón y sal, le ofreciera material propio (la discotequera Qué me voy a quedar, co-producida con Coti) a otra celebrity musical como Paulina. Sobre todo cuando es conocido cómo le han crecido las rivalidades a la Rubio en diversas ocasiones con otras artistas de su país, con Thalía a la cabeza.
"Mira, en eso tenéis más la culpa los medios de comunicación que nosotras, las artistas. La relación que he vivido con Julieta ha sido muy estrecha, muy auténtica, como tenía que ser desde el principio". Aunque Paulina eche la culpa a los plumillas, tampoco se puede decir de ella que sea un dulce corderito... "Soy una mujer bastante positiva, ¿sabes? Siempre le encuentro algo bueno a todas las situaciones. No soy una amargada; al revés, tengo mucha luz. De esas rivalidades que hablas, la mayoría han sido montadas. Me sientan muy mal pero, al mismo tiempo, veo lógico que sucedan cosas así, porque conozco a la gente y sé que les gusta crear conflictos, no como a mí".
La Rubio pasa de líos porque a ella lo que le gusta de verdad es que la gente la adore ("le gusto a todo el mundo: heteros, gays, chicos, medianos, altos, bajos, casados, divorciados...") y que la califiquen de icono en las revistas femeninas. "Eso dicen... Será por mi forma de ser y por lo que les transmito al cantar, mientras me escuchan. Esto no pasa por un detalle concreto, sino que es producto de la conjunción de muchos factores: hago lo que nadie hace, soy atrevida, de verdad, transparente".
Como ella misma transmite con sus palabras, Paulina es tanto que da la impresión de que los escenarios se le van a quedar pequeños rápidamente. "A mí no me cansa nada; cuando me canse, será que me voy a morir. Ahora soy artista, pero por supuesto que me imagino en un futuro haciendo otros proyectos. Tengo una productora, creo mis propios vídeos, voy en busca de una nueva generación de talentos, mi mamá y yo tenemos ganas de montar una obra de teatro como productoras, me gusta la publicidad... Creo que puedo aplicar perfectamente todo lo que he aprendido, después de tantos años, dentro y fuera de la industria. Como veis, soy de analizar las cosas, pero a mi alrededor tengo gente que lo hace mejor que yo".
Con esa lista de cosas por hacer, lo extraño sería que no viésemos a Paulina de vuelta a la gran pantalla como en sus primeros años en la industria. "Sinceramente, es algo que no me apetece retomar en este momento. Estoy muy involucrada con mi música y, además, estoy trabajando en canciones que no han entrado en Ananda y que es posible que les dé a otros artistas". Ahí queda eso, que diría la mexicana.
El album Ananda de Paulina Rubio esta editado por UNIVERSAL.