La Conservera nació la primavera pasada en Ceutí, Murcia, gracias a una iniciativa puramente política (esa comunidad organizará la bienal internacional Manifesta 2010, y necesita abonar el terreno), y su gestión no está exenta de polémica. Pero sus fallas éticas y de actuación parecen redimirse en su programación: cuatro artistas emergentes internacionales de sólidas trayectorias exponen en cada muestra, y además suele tratarse de creadores prácticamente inéditos en nuestro país. Esta vez le toca el turno a cuatro mujeres asociadas por su análisis del cuerpo y el rol femenino en la actualidad. Te detallamos quiénes son y por qué debes ir a verlas.
Texto Gorka Goenaga
Esta madrileña se dio a conocer a principios de la década por trabajos donde la presencia de partes desmembradas del cuerpo dotaba de connotaciones políticas y de género a actos de la vida cotidiana tan nimios como comer o celebrar.
En sus primeras exposiciones, tartas realizadas con penes gigantes o fotos de mujeres jugando con animales fálicos contrastaban con su estilo eminentemente naïf, dulcificado por un trazo ingenuo cercano a la ilustración infantil. Insistiendo en esta línea, Banet, influida por el ‘pánico’ Roland Topor y su libro Cocina caníbal, sigue mostrando, ya sea en esculturas o en cuadros de formato medio, un universo onírico donde el canibalismo y lo abyecto es una posibilidad de juego.
En La Conservera presenta una gran instalación a partir de dos personajes creados para la ocasión, las siamesas unidas Sara Li y Ana K, dueñas de una fábrica de conservas, llamada “Las Golosas”, cuya cadena de montaje y distribución se plantea como instalación integral; una representación pop de un universo macabro donde se fabrican apetitosas conservas de cerebros, corazones y fetos que, además, se pueden degustar: están realizados en gelatina de carne.
• MARILYN MINTER
La mayor de todas las artistas convocadas (nació en 1948) permanecía inédita en España hasta ahora. Minter se introdujo en el arte fotografiando a su madre drogadicta. Al mudarse a Nueva York a finales de los setenta, ella misma cayó en los abusos de la fiesta y se convirtió en una animadora de las noches neoyorquinas. Retomó su carrera en los ochenta, desarrollando un estilo de violencia crítica e impacto visual.
Sus primeras series pornográficas le trajeron la enemistad de las feministas y crearon las bases de su trabajo, hoy más depurado pero igualmente erótico y descarnado, que habla de la prisión de los cuerpos en la perfección estética, o el derrumbe que sobre ellos introduce el tiempo.
Su estilo trata de aunar fotografía y pintura, y traspasa las imágenes al lienzo con tintura enamel, plástica y brillante. En La Conservera muestra tanto las primeras fotos a su madre y la serie Coral Ridge Towers, oculta desde 1969, como sus retratos de Pamela Anderson o el vídeo Green Pink Caviar, utilizado por Madonna en su última gira como telón de fondo a la canción Candy Shop.
Esta artista sueca (Gotemburgo, 1967) ha dado un giro brutal a su carrera en los últimos años. De fotógrafa conceptual ha pasado a instaladora (ejerce paralelamente de ambas), aunque conserva buena parte de su integridad estética.
Conocida por sus imágenes de mujeres en situaciones de contradicción, malestar o anomalía, su trabajo destila el rastro de una narración no completa, ficticia o documental, a modo de resultado de una actividad performativa.
La Conservera plantea una antología sobre sus imágenes más reconocibles (mujeres de espaldas, atadas, o incluso una niña con una motosierra) y también le produce una instalación constructiva: una especie de ventanas de madera de las que penden, contrahechas y torcidas, manipuladas, persianas metálicas.
A primera vista, esta artista de Brooklyn (Nueva York, 1971) podría ser una especie de trasunto femenino del británico Chris Ofili, por su uso de la estética afro setentera y su gusto por el folk y las raíces.
Mickalene, en la antítesis visual de esa otra gran artista negra americana, la sobria Kara Walker, aunque compartiendo con ella cierta visión histórica y temática, en vez de tomar como referente la cultura del hip hop, más próxima a su edad, realiza fotografías y cuadros donde grupos de mujeres comunes, vestidas de una forma ‘op’ netamente vinculada a la cultura afro-disco de los setenta, se muestran con absoluta suficiencia, poder y sensualidad, enmarcadas siempre en ambientes domésticos.
Habla de la amistad femenina y la emotividad en las relaciones, cifradas a través del complejo entramado del marketing de la identidad negra en su país, criticado y celebrado en sus imágenes casi a partes iguales. La Conservera mostrará no solo una antología de fotos y pinturas, sino también una instalación que reproduce el salón de su abuela en los 70 y unas nuevas vídeo-pinturas.
Estas exposiciones se pueden ver hasta el 22 de noviembre en La Conservera (Avda. de Lorquí, s/n · Ceutí, Murcia).