Le gusta dejar su sello en cada película que rueda, y ahora es la Francia ocupada la que le sirve de telón de fondo para reescribir la II Guerra Mundial en Malditos bastardos. Viajamos a Londres para conocer de primera mano por qué le motivaba tanto semejante atrevimiento.
Entrevista Iván Estarás
Interior de un pub londinense en Picadilly Circus. Un tipo alto, de aspecto desgarbado, gafas de sol, cabello despeinado, gesticula impulsivamente, imposta voces diferentes y después lo anota todo en una servilleta mientras apura una típica pinta de cerveza y un plato de ‘fish and chips’. Y todo ello ante la mirada de reojo, y alguna foto con el móvil, de quienes a esa hora de la tarde se relajan tras una larga jornada de trabajo. La anécdota pasaría desapercibida si no fuera porque el excéntrico tipo es ni más ni menos que Quentin Tarantino, el director más aclamado, polémico y controvertido de las dos últimas décadas. Un cineasta que ha logrado la envidiable hazaña de liberarse de las cadenas creativas de Hollywood y con el que todos los actores sueñan con trabajar alguna vez en su vida.
Al día siguiente, en una habitación del lujosísimo hotel Claridge, Tarantino nos regala una de sus frases lapidarias al hilo de esta anécdota: “Me encanta ser una celebrity. Es un auténtico privilegio que no necesite del reclamo de actores famosos para que mi película se vea”. Aunque su nueva producción cuente entre su reparto con un reclamo de la talla de Brad Pitt, lo cierto es que su parroquia de fieles acude a ver sus películas por una serie de clichés artísticos y argumentales a los que el director ha sido fiel una vez más.
Malditos bastardos es un “spaghetti western ambientado en la II Guerra Mundial”. A lo largo de sus dos horas y 40 minutos de duración, Tarantino transita por un paisaje hostil, el de la Francia ocupada por los nazis, en el que solo tiene cabida el valor, la venganza, el crimen, la traición... e interminables y tensas escenas de diálogo que harán las delicias de sus más acérrimos fans.
La acción se centra en un grupo de soldados judíos americanos obsesionados por arrancarles la cabellera a cuantos nazis encuentren a su paso y en la propietaria de un cine de París que aguarda la ocasión de vengar la muerte de su familia a manos de un cruento coronel nazi. Y entre medias se relatan dos historias de amor, la de un héroe de guerra utilizado como máquina propagandística por parte de Goebbels y la del propio Tarantino hacia el cine. “A mi propia experiencia como espectador le debo el ser cineasta. Siempre que veía películas pensaba: ‘Yo quiero hacerlas también, pero desde luego no de esta manera’. De pequeño, imaginaba cómo las haría. Y fue entonces cuando poco a poco me di cuenta de que tenía algo que ofrecer que los demás no hacían, no sé si mejor o peor, pero sin duda diferente”.
En Malditos bastardos, esa peculiaridad narrativa le lleva a reescribir la Historia y darle un final a la II Guerra Mundial totalmente inesperado. “La política y la Historia no me atraen en absoluto. Lo que pasa es que hasta ahora no había tenido ningún límite a la hora de escribir un guión. Y en esta ocasión, mi creatividad chocaba todo el tiempo contra el muro de la Historia, así que decidí obviarla y que fueran mis personajes quienes, inconscientemente, la reescribieran, pero no desde el punto de vista de tantas películas americanas, que siempre remarcan que ellos fueron los que ganaron la guerra”.
En su sexta película como realizador, son nuevamente las mujeres fuertes y decididas las encargadas de convertirse en heroínas. “Es a mi madre a quien le debo que mis personajes femeninos sean así. Me crió soltera, con todo lo que eso implicaba, así que durante muchos años crecí pensando en que no habría nada en el mundo que ella no pudiera hacer”. Existen también algunos clichés estéticos que al director de Pulp Fiction no le gusta que le recuerden que utiliza constantemente. “Mis películas no siempre hablan de la venganza”, recalca enojado. “En realidad, suele ser un tema secundario, como pasa aquí con los judíos que se vengan de los nazis... Sin embargo, sí que me gusta la violencia, porque es visualmente muy atractiva y siempre está de actualidad”.
LA PELÍCULA MALDITOS BASTARDOS SE ESTRENA EL 17 DE SEPTIEMBRE EN CINES DE TODA ESPAÑA.

Temperamental, obsesivo, imprevisible, Tarantino es una ametralladora verbal que regala titulares a cada minuto, aunque a veces tanta sinceridad le haya generado problemas...
* Sobre el último Festival de Cannes: “No fui a la clausura porque Malditos bastardos merecía la Palma de Oro. O al menos me tendrían que haber dado el Premio del Jurado”.
*Sobre el cine italiano: “Aborrezco el nuevo cine italiano. Solo habla de jóvenes que se hacen mayores, de parejas que padecen una crisis o de las vacaciones de algún perturbado”.
*La libertad creativa: “Las películas son mi religión, mi Dios y mi patrón, pero tengo la suerte de no tener que hacer un filme para pagar mi piscina”.
*Sobre su cinefilia: “Soy lo suficientemente egocéntrico como para pensar que la gente verá más de una vez mis películas. A mí me gusta ver una y otra vez las que me encantan”.
*Su relación con la crítica: “Algunos críticos me acusan de no ser muy personal. Es absurdo, ni siquiera me conocen”.