Regreso de las vacaciones y el panorama resulta cuanto menos desalentador.
Persiste el calor (yo que siempre he dicho que me encanta el verano, por primera vez, estoy deseando que llegue el frío y echarme la mantita de cuadros encima...), la crisis, las obras (por lo menos en Madrid, pero estoy seguro de que el resto de ciudades y pueblos de nuestra querida España también está lleno de zanjas, vallas y calles cortadas), la crisis, el paro (sólo el que alguna vez ha estado en la verdadera situación de querer trabajar y no encontrar empleo sabe lo realmente trágico de la situación. Por eso se me llevan los demonios cuando oigo a la gente que decide ‘cogerse’ un año sabático –o varios– y vivir del subsidio de desempleo. Me parece una actitud de lo menos democrática), la crisis, los piques, descalificaciones y mal rollo en general entre los dos partidos mayoritarios (menos en el País Vasco, lo que prueba, que si quisieran, se podrían concentrar realmente en hacer bien su trabajo...), la crisis, la corrupción en nuestra clase política (lo de que tenemos los políticos que nos merecemos será cierto, pero maldita la gracia...), la crisis, la homofobia (qué razón tiene nuestra pluma invitada, Pepe Infante), la crisis, el calor (sí, ya sé que me repito, pero es que me estoy cociendo), la crisis, el enfrentamiento al parecer de vital importancia nacional entre la Esteban y la Campanario (¿Por qué coño nos bombardean todo el día con los trajines de estas dos mujeres? Un poco de compasión... ¿No se suponía que los programas de corazón y casquerías varias estaban de capa caída?), la crisis... Ya sabía yo que me tenía que haber quedado en mi calita...
¿Feliz regreso?