Texto Narciso León
Ilustración www.ivansoldo.com
Sandra Bullock es como el villano de las sagas de terror: parece que ha recibido el golpe final, pero al final siempre revive. Así, cuando parecía que su melosidad, su histrionismo anticuado y su humor torpe ya no tenían gancho para nadie, ha vuelto a asaltar la taquilla americana con La proposición.
¿Qué nos propones esta vez, querida? Pues algo así como comedia social, puesto que interpreta a una mujer canadiense que ejerce su trabajo con éxito en EE UU pero que, de repente, va a ser deportada a su país de origen. Casi una historia de pateras, vaya. Cualquier excusa es buena para que tenga que hacerse pasar por esposa del asistente al que lleva maltratando durante años, a quien pone cuerpo Ryan Reynolds.
Película original de final imprevisible, ya se sabe. Y pese a todo, un éxito total. Los caminos de Sandra son inescrutables. Para analizar su rara especie, hay que apuntar que su madre era cantante de ópera y su padre logopeda. Además, vivió en Alemania. ¿Fue sometida a los experimentos tardíos de los seguidores de Josef Mengele? Puede ser...
Todo comenzó cuando se marcó un par de diálogos picantes en la muy poco sexy Demolition Man. Tan morena y tan normal que pronto se ajustó a eso que tanto les gusta a los americanos de ‘girl next door’, es decir, la vecina de toda la vida. Sus reuniones de comunidad a veces congregan a millones de espectadores si hablan de un autobús que va cargado de Speed, de un coma profundo en Mientras dormías o de un espionaje frívolo en Miss agente especial. Pero otras veces las juntas se tienen que suspender por abstención masiva.
Empezó a utilizar sus cupones de descuento para los fracasos en taquilla con Corazones robados, abriendo una saga ilustre de despropósitos con títulos como En el amor y en la guerra, Speed 2 o Las fuerzas de la naturaleza.
Últimamente, Sandra había cogido la mala costumbre que tienen las actrices tan mediocres como ella de empeñarse en demostrar su valía dramática: quiso protagonizar Million Dollar Baby, salía brevemente en la oscarizada Crash y se metió en la piel de la escritora de Matar a un ruiseñor, Harper Lee, en Historia de un crimen. No acabó de cuajar. Así que, después de todo, la millonada amasada por La proposición corrobora esa regla que dice que, querida Sandra, tontita estás más guapa... y sales más rentable.