por Luis Antonio de Villena
Cuando, alrededor de 1995, la visibilidad del mundo gay y lésbico empezó a hacerse notoria en casi toda España, empresas e industrias varias supusieron (y se comentó mucho porque vivimos en términos económicos) que nacía un estilo nuevo de cliente, el gay visible, que esencialmente sería universitario, refinado, soltero y de alto poder adquisitivo.
Un gay de rasgos "metrosexuales", para entendernos, que frecuenta el gimnasio, las boutiques especializadas, la ópera, y los restaurantes más o menos "nueva cocina" con toque oriental. Muchos lugares alrededor del viejo Chueca, por ejemplo, se prepararon para ese exquisito ³nuevo cliente² gay que digámoslo enseguida apenas existió. Los barrios y zonas gays se colmaron de un público variado y divertido donde lo contestatario y altermundialista prima con mucho sobre el supuesto refinado que en todo caso tan rápidamente huyó.
Que el estereotipo del gay ³refinado² siga siendo minoritario y hoy rehuya el lado pachanguero del "ambiente", no me parece ni preocupante ni malo. Lo que sí me ha preocupado siempre es que entre la nueva clase del gay visible y muchas veces militante, apenas exista el gay culto. Es decir, que el gay estudioso, universitario o de un nivel intelectual superior coincida poco con el gay visible, militante y orgulloso.
Se pensó que la visibilidad gay (por ejemplo) aumentaría el número de lectores de los escritores de temática gay, pero no es así. En España tristemente, cuando un escritor se dice públicamente gay, si no tenía un cupo alto de lectores ya formado, no sólo no los gana sino que los pierde, pues algunos lectores heterosexuales (aun simpatizando con la causa gay) sólo eventualmente leen libros homoeróticos, y el nuevo lector gay el que debió aparecer con la visibilidad y la militancia apenas da señas de vida. Resumen general pero cierto: el gay visible y militante suele ser poco culto, y lo que es peor, incluso conoce mal o muy mal su historia y cultura: ¿Qué somos, de dónde venimos, adónde queremos ir?
Me fijo en un hecho tan notable como sintomático: El afortunadamente célebre y celebrado "Día del Orgullo Gay" conmemora un hecho acaecido en Nueva York en junio de 1969. Los gays que frecuentaban un bar que sufría frecuentes redadas policiales dijeron hasta aquí hemos llegado y empezaron a luchar para defender su derecho a reunirse, divertirse y amar a su manera.
Estupendo. Fue un antes y un después, una fecha decisiva, pero una más.
Acaso "lo gay" naciera ese día, pero el hecho homosexual y lésbico, la cultura que generó (incluso en la represión) y los muchos intentos parcialmente conseguidos de libertad homosexual, no empezaron en Stonewall. La cultura gay y lésbica llena la historia. Es muy lamentable no sólo que muchos gays visibles ignoren eso, sino que apenas conozcan las luchas y vicisitudes de la cultura homosexual presente, en España, en Francia, en Alemania o en otras muchas naciones de Occidente. Sabemos la historia de los gays neoyorquinos de 1969, pero sin llegar a la Grecia clásica (que fue la gran fuente de la respetabilidad y la orgullosa diferencia gay) e incluso dejando de lado a un santón de la visibilidad como Oscar Wilde.
¿Cómo es que no conocemos la historia y los logros de los pioneros de la cultura homosexual moderna? ¿Por qué se ignora a un español tan radiante para nuestra causa como Juan Gil-Albert? ¿O a un grande como el doctor Magnus Hirschfeld (1868-1935), que creó en Berlín en 1897 el "Comité científico y humanitario", la primera organización gay mundial, y ya en 1918 el Instituto de investigaciones sexuales, dedicado a recalcar la naturalidad y antigüedad del deseo homosexual y, por tanto, a vindicar sus derechos?
Hirschfeld, perseguido por los nazis, que destruyeron sus muchos logros, debe ser uno de los padres de la cultura y la militancia gays en Europa.
Stonewall fue una maravilla, pero no todo empezó ahí, ni mucho menos.
Necesitamos más y mejor cultura gay (o lésbica) y que militancia y visibilidad se comprometan con nuestra cultura. España es un país inculto y los gays por desdicha están lejos de ser excepción. Nos falta conciencia histórica y presente hondo. Divertirnos sé que sabemos. Pero la autocrítica es muy saludable.

Tiene razón en muchas cosas, muchos gays no saben ni siquiera la historia del Stonewell, que es lo mas basico para comprender nuestro colectivo y movimiento, habria que hacer una encuesta en Chueca, preguntar el dia del orgullo a ver quien sabe por que la celebración, muchos no sabrian, pero seguro seguro, en fin, de incultos (nadie nace con cultura) no diria, de ignorancia?, tal vez,
De Villena es uno de los autores más prolíficos. Muchas gracias por la nota.