Coincidiendo con la celebración del Orgullo, se exhibe en Madrid Testigos de un tiempo maldito, proyecto del artista Javi Larrauri a caballo entre el documental y la pintura que profundiza en la vida de los represaliados por el franquismo por su condición sexual.
Entrevista Pablo Giraldo
SHANGAY EXPRESS: El activismo LGTB, el transformismo, el pop art, los iconos gays y la España de los 70 parecen definir tu ideario creativo...
JAVI LARRAURI: Son parte intrínseca de mí. Nací en 1971 y mi infancia estuvo marcada por la España postfranquista de la Transición. El pop es algo que he mamado desde niño y el transformismo formó parte de mi vida en los 90, una etapa fundamental para mí que coincidió con mi militancia en La Radical Gai. Imagino que en mi obra se refleja de algún modo lo que ha sido mi vida, mis inquietudes y aquello que me ha influenciado y me ha hecho ser quien soy.
S.E: ¿Cómo surge una exposición como Testigos de un tiempo maldito?
J.L: Muchas veces me he preguntado cómo habría sido mi vida si hubiera nacido en otra época. Después de haber trabajado en un proyecto dedicado a las mujeres republicanas me quedé con la espina de investigar cómo vivieron lesbianas, gays, y transexuales durante la Segunda República, la Guerra Civil y la dictadura. Así que, según terminé, me puse a investigar este tema.
S.E: ¿Cómo entras en contacto con los protagonistas de la muestra?
J.L: Les localicé gracias a personas como Arturo Arnalte, autor de Redada de violetas, el libro que me ha servido de apoyo fundamental para este proyecto, e instituciones LGTB que me pusieron en contacto con ellos. Esa fue la parte más complicada, puesto que la mayoría de las personas que han sufrido ese tipo de represalias no quieren hablar, y menos públicamente.
S.E: Especialmente dolorosos son los testimonios de lesbianas y transexuales...
J.L: En el caso de las lesbianas era prácticamente imposible localizar a alguna que estuviera dispuesta a contar su historia... hasta que encontré a Coral. Ellas sufrieron doble marginación: por ser mujeres y homosexuales. He conocido casos de lesbianas a las que internaron en psiquiátricos o sometieron a terapias terribles para intentar eliminar la homosexualidad. En el caso de las personas transexuales, el régimen franquista fue incapaz de distinguir entre orientación e identidad sexual, y la represión que sufrieron fue brutal. Ahí está, por ejemplo, el caso de Esmeralda La Francesa, que después de estar varias veces en la cárcel de Carabanchel terminó arrojándose al vacío desde la última planta de la prisión.
S.E: En el documental haces referencia a las cárceles para homosexuales, de las que poco se sabe. ¿Qué averiguaste al respecto?
J.L: Me resultó escandaloso descubrir que durante el régimen franquista hubo en España más de 180 campos de concentración. Existían prisiones destinadas a presos homosexuales o transexuales y campos de concentración como el de Tefía de Canarias, donde estuvo preso Octavio García, uno de los protagonistas de la exposición.
S.E: Los testimonios de los entrevistados son en su mayoría trágicos, algo que contrasta con lo colorido de tus retratos...
J.L: Todas estas personas han tenido que sufrir por su orientación o identidad sexual, pero han resistido. A mí me interesa su papel como resistentes, no como víctimas. Por eso los cuadros son tan coloristas y vitales. En el documental pasa lo mismo: aunque las historias que se cuentan son trágicas, también hay momentos para el humor. La vida es así, tragedia y comedia van unidas.
S.E: Es difícil acercarse a una muestra así sin que influya la ideología. ¿Concibes el arte como una manera de manifestar tu activismo gay?
J.L: Los trabajos que hago desde hace tiempo son muy políticos. Soy gay, y como tal me creo en el deber moral de luchar contra la homofobia y reivindicar un mundo libre, donde todos los ciudadanos tengan las mismas oportunidades. Para mí el arte es un instrumento político con el que intentar agitar las conciencias.