Se ha forjado una carrera muy personal ajena a las presiones propias de su profesión. Ana Torrent nunca ha buscado fama, sino experiencias que la enriquezcan. La última, una adaptación teatral de Madame Bovary.
Entrevista Gustavo Van Santos
Foto Pablo Solá
Tiene fama de seria. Hay quien la califica de distante. Leyendas urbanas que se desvanecen al tenerla enfrente. En cuanto coge un mínimo de confianza, se suelta. Quizá es más tímida que otra cosa. Y no siempre se siente cómoda con las obligaciones promocionales que conlleva su trabajo. Prefiere los retos en escena o frente a la cámara. Y en la vida. Porque Ana Torrent es una vividora, en el mejor sentido del término. Durante dos décadas se ha movido entre Nueva York y Madrid; lleva con su pareja, un estadounidense, veintidós años, y los últimos tres -los que tiene su hija Sofía- se ha asentado aquí, al menos temporalmente. Sabemos de ella solo cuando tiene algo que estrenar. Dentro de poco la veremos en Televisión Española interpretando a Carmen Polo en la miniserie Una carta para Evita, en la que ha trabajado, encantada, a las órdenes de Agustí Villaronga ("mi ‘Collares' va a sorprender"). Antes, la veremos interpretando a otra mujer mítica, una de las grandes heroínas románticas de la literatura universal, Madame Bovary. Magüi Mira dirige una adaptación que recoge los grandes momentos de la novela, articulada en torno a Emma Bovary y los hombres de su vida. "Fue muy interesante trabajar en dos personajes tan opuestos a la vez", explica "Hay que ver una, en 1850, lo que reivindicaba, y otra, en 1950, lo que imponía".
SHANGAY EXPRESS: ¿Eres una espectadora habitual de teatro?
ANA TORRENT: Lo soy más de cine. Pero cuando voy al teatro y disfruto me parece un regalo que me hacen los actores y quienes han concebido la función. Es algo en lo que pienso siempre que me subo al escenario. Por eso procuro siempre ser muy generosa y ofrecer ese regalazo a quienes me vienen a ver.
S.E: Cuando te ofrecieron Madame Bovary, ¿pensaste antes en el placer que te podía proporcionar tu papel o en la responsabilidad que conllevaría?
A.T: Lo primero fue acordarme de la novela, que había leído hace veinte años, y pensar ‘¡Buf!, ¿cómo me meto yo ahí?' [sonríe]. Con el tiempo he encontrado a esa heroína dentro de mí. Aunque no creo que se deba actuar como ella, la solución a los problemas no es vivir una mentira. Ante la realidad que le toca vivir y que le ahoga, opta por una huida desesperada. Si hubiera vivido hoy día, habría terminado igual de mal. Yo, Ana, manejo mejor lo que me rodea. Y cuando me levanto pensando ‘no es esto lo que quiero', en lugar de huir, gastar o agarrarme a un hombre busco otras soluciones.
S.E: ¿Qué es para ti la interpretación: una herramienta para evadirte de tu realidad o la manera de satisfacer una necesidad?
A.T: Cuando empecé, de niña [en El espíritu de la colmena (1973)], no era actriz. Era natural y expresiva, algo que se valora mucho en cine. Actriz fui bastante después. Lo decidí mucho más tarde; yo siempre he ido a mi ritmo en todo... Tenía una necesidad de conocerme y entenderme, y los personajes me ayudaban. Como en ese sentido me siento más segura, ya no tengo tantos miedos, y no me importa sacar lo que llevo dentro, ahora pienso sobre todo en el público. Para mí es un placer tan grande vivir otras vidas y ampliar mi mundo que me gusta compartirlo.
S.E: Los momentos clave en tu carrera (Tesis, Yoyes) no quisiste capitalizarlos en busca de proyectos cada vez más grandes. ¿Por qué?
A.T: La mía es una carrera peculiar, ¿no? [ríe] En parte ha sido una decisión personal. Porque el trabajo no lo es todo en mi vida; mi relación de pareja y mi familia siempre ha sido igual de importantes. Siempre me ha gustado desaparecer por temporadas. A veces me preguntan ‘¿Qué hiciste aquel año?', y contesto: ‘vivir'. Otras actrices habrían aprovechado un momento como el de Tesis para aparecer en todas partes y promocionarse; yo, al revés. Lo que, profesionalmente, es una mala gestión, lo sé... Pero tiene que ver con mi carácter y con lo que he querido en cada momento. Por eso no he tenido una carrera más ‘grande'.
S.E: ¿Nunca te ha gustado el aspecto social de tu profesión?
A.T: No. La gente me gusta, pero individualmente. Es evidente que a mí lo que me gusta es el trabajo, no lo otro. Porque una cosa es ser una estrella, y otra ser actriz. Y no quiero decir con esto que piense que intentar ser una estrella sea fácil, porque no lo es, pero requiere otro tipo de inversión de tiempo y de energía. Lo que no entiendo es la obsesión que hay en España por ser una estrella, cuando no me parece que aquí haya cabida para un gran star system. En general, aquí nos gustan más los actores con los que te puedes tomar un café. Aquí, hoy día, la fama que se busca, y la que se reconoce, es la de la tele. Que es efímera, sobre todo si no va acompañada de un buen trabajo.
S.E: ¿Te apetece el compromiso por un tiempo con Emma Bovary y su sufrimiento?
A.T: Sí, porque me apasiona el personaje. Y eso que sufro mucho, acabo agotada. Ahora mismo estoy encantada, no sé que opinaré dentro de dos meses [risas].
LA OBRA MADAME BOVARY SE REPRESENTA EN EL TEATRO BELLAS ARTES (C/MARQUÉS DE CASA RIERA, 2) DE MADRID. MÁS INFORMACIÓN EN WWW.TEATROBELLASARTES.ES.