Ha nacido una mártir, más que una estrella. Ni en sus peores sueños podría haber imaginado Elizabeth Grant que, una vez pulida su imagen artística, se encontraría con un linchamiento mediático de proporciones épicas, antes de que se pudiera juzgar su segundo álbum, Born To Die. A la defensiva en las entrevistas y temblorosa en sus apariciones televisivas, revela una enorme inseguridad, que contrasta con la imagen que proyecta en fotos y vídeos, con un punto de enigma y mucho aplomo. Resulta hasta cierto punto perverso que alguien, haya sido ella o no, pensara en dar forma a un personaje artístico inspirado en la Dorothy Vallens que bordaba Isabella Rossellini en Terciopelo azul, añadiéndole el punto white trash vía unos labios que ni los de Carmen Electra.
¿Y bien? ¿Cómo es su disco? Épico, aunque agotador. Llama la atención la apuesta por la grandiosidad del trip hop, recuperando hallazgos sonoros que remiten a Archive, Alpha o Hooverphonic. Y Lana del Rey, que de momento no ha encontrado una voz propia, recuerda a veces a Sophie Ellis-Bextor, y otras, al esforzarse por sonar pizpireta, a Dolores O'Riordan. Pero puede presumir de medio álbum impecable, hasta Dark Paradise -el reverso luminoso, a pesar del título, de Video Games-. A partir de ahí, las variaciones no dan de sí y su enigma se diluye.
AGUSTÍN GÓMEZ CASCALES