Es el cuarto álbum de la vocalista californiana, que aún no ha logrado un impacto reseñable más allá de las escena del nu soul. Esta es su oportunidad, gracias a un equilibrado álbum que, si bien no contiene ningún tema con la suficiente contundencia para convertirla en una estrella (el que le da título es el único con posibilidades), sí tiene un nivel medio aceptable. Juega su baza más convencional en baladas de aires vintage como Tears On My Pillow, que a Beverley Knight le sentarían como un guante, mientras que la funky Money no habría desentonado en el debut de Támar Davis. Solo necesita despegarse de Alicia Keys, cuya sombra es (muy) alargada en temas como Hush.
A.G.C.
