Coplero de pro, esta joven revelación apunta en su segundo álbum muy buenas maneras. Con una concepción clásica del melodramatismo y una aproximación muy suya al manierismo inherente a la canción española, donde más se luce es en el material original, como demuestra en temas como Cuando quieras... y Miedo. Y es que los (excesivos) arreglos utilizados en Y sin embargo te quiero o La zarzamora, con ramalazos jazzies y orquestales previsibles, asfixian sus interpretaciones. Lo cual no impide que su voz deje poso, y ese es el gran logro de este disco. Que te hace pensar que el estilo de Cortés es algo más que un cruce inesperado entre los de Miguel Poveda y Falete.
M. Trigueros
