De Clint Eastwood
Con Leonardo DiCaprio, Naomi Watts, Josh Lucas, Judi Dench, Armie Hammer.
EE UU, 2011.
El tópico de que Clint Eastwood es el último clásico de Hollywood vuelve a cumplirse. J. Edgar no puede ser un biopic formalmente más convencional (pero exquisitamente depurado, claro) muy consciente de que el material dramático que contiene es lo suficientemente potente como para no aportar ningún tipo de maniobra de distracción.
Así, el director más nominado al Oscar en los últimos diez años -con permiso de Martin Scorsese- se introduce en la mente del director del FBI, John Edgar Hoover, y de paso, regala a Leonardo DiCaprio la que es su interpretación más incontestable hasta la fecha.
En un momento en el que se pasea por las pantallas otra presunta humanización de un monstruo histórico (La dama de hierro), Eastwood rubrica con mucha más elegancia la diferencia entre el matiz humano y la justificación. Entiende con mucho mayor tino lo que significa abrir en canal sin derramar sangre ni embellecer. Lo hace sin idas ni venidas, empezando en 1919 y de ahí en adelante, con la ayuda inestimable no solo de un tremendo DiCaprio -¿le darán por fin el Oscar por un trabajo de indudable madurez?- sino de unos secundarios que van desde Judi Dench a Naomi Watts. Con el barniz político más que conservador de Eastwood, J. Edgar acaba hablando de la peligrosísima confluencia de megalomanía y represión interna, de la combinación imposible de un hombre que se cree en posesión de la verdad absoluta mientras todavía no se ha atrevido a dejar de mentirse a sí mismo. Eastwood advierte sobre los riesgos que conlleva que ese tipo de personas estén al mando del país más poderoso del mundo, evitando en todo momento la biografía sensacionalista (y mira que había carnaza, especialmente en el flanco homosexual...). J. Edgar no tiene precisamente la erótica del poder, sí la fascinación de un retrato en profundidad, del acercamiento íntimo a la figura oficial sin un discurso crítico ni didáctico.
NARCISO LEÓN
Estreno 27 de enero
