Tiene su lógica que el álbum póstumo de la última mártir del pop tenga un tono conciliador y amable. Al fin y al cabo no lo ha creado ella, aunque sea su voz y su personalidad las que se homenajean. Salaam Remi y, en menor medida, Mark Ronson, los productores que la ayudaron a materializar su visión, han sido los responsables de dar forma homogénea a una colección de maquetas, covers y versiones alternativas a las que se les ha sacado brillo. Quizá demasiado. Predomina un easy listening acomodaticio que no siempre sienta bien al desgarro de Winehouse, aunque asegura que pueda sustituir a Back to Black como disco de fondo imprescindible para reuniones sosegadas. Nada que ver con las fiestas que se pegaba Amy, que suena especialmente en versiones como la de Will You Still Love Me Tomorrow, en la inédita Between The Cheats y en la imponente versión de Tears Dry, un valor seguro que vuelve a darle un hondo calado emocional a un disco suyo.
A.G.C.

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