Drive es un estilizado thriller que guiña el ojo al cine criminal de los 80, y su protagonista, un tipo duro llamado a redefinir la masculinidad en la gran pantalla. De lo primero es responsable el director Nicolas Winding Refn; de lo segundo, un Ryan Gosling que compone uno de los personajes más hipnóticos del año, cuya personalidad merece la pena desentrañar.
Texto Pablo Giraldo.
"¿A qué te dedicas?", pregunta el personaje de Carey Mulligan a su vecino. "Conduzco", contesta él, que se ha ofrecido a ayudarle con las bolsas de la compra minutos antes. En la escueta pero concisa respuesta de Ryan Gosling cabe la entera personalidad del protagonista de Drive, la de un tipo parco en palabras -por no decir mudo-, opaco, solitario y de sensibilidad enigmática, que parece comunicarse mejor a través de la acción más violenta, pero al mismo tiempo dotado de un férreo código de honor y un alto sentido de la dignidad que lo acercan a sus semejantes, especialmente a los más débiles, de una forma casi neorromántica. Es decir, un héroe irremediablemente trágico y fatal. Durante el día, este misterioso conductor se gana la vida como especialista en películas de acción, pero por la noche pone su habilidad al volante al servicio de todo criminal que quiera contratarle. Quien desee perpetrar un atraco con éxito en Los Angeles, sabe que debe contactar con él si no quiere oír una sirena de policía tras sus pasos. Si eso sucediera, es que empiezan los problemas para nuestro héroe. Y vaya si sucede cuando, por amor a su vecina, este conductor sin nombre se ve obligado a participar en un golpe que, por supuesto, sale muy mal.
Gran parte del mérito de Gosling por llenar la pantalla sin apenas abrir la boca se debe al atuendo que gasta. Una chaqueta plateada que lleva un escorpión bordado en oro a la espalda es su principal marca de identidad, un fetiche que completan unos guantes de cuero negro -que sirven tanto para manejar el volante como para abofetear a alguien si se necesita sonsacar información- y una gorra para cuando las circunstancias lo requieren. El hipnótico conjunto final que resulta de la combinación de todo eso es más parecido a un traje de superhéroe urbano que al uniforme que uno se pondría para llevar a cabo un trabajo sucio. Como toque último, un sempiterno palillo en la boca, arriesgado complemento que convierte a Gosling en el único ser sobre la tierra al que esgrimir un trozo de madera entre los dientes le duplica el atractivo. Y es que el mondadientes, o cualquiera de sus derivados -en forma de cigarro o puro-, ha brindado grandes momentos a la historia del cine en según qué géneros. Si no, que se lo pregunten a Clint Eastwood. Habitual del western, ese palillo que pasaba de lado a lado de la boca actuaba, además de como una distracción, como un apéndice del propio cuerpo, una vía de escape a través de la cual salían el hastío, la impotencia y el odio de un entorno tan hostil como el lejano Oeste.
No hay mucha diferencia entre ese ambiente y el de la ciudad de Los Angeles, con sus luces de neón y pop electrónico, que se ve y escucha en Drive, donde Ryan Gosling toma prestado ese palillo de dientes como el moderno cowboy justiciero que es. Como tal, se rige por un estricto código de honor, que siempre lo complica todo. Hasta tal punto que Gosling se convierte en el tipo de tío ‘todo por una chica' capaz de jugarse la vida por ayudar al marido de la mujer de la que está enamorado en un último golpe, sin saber muy bien qué recompensa obtendrá a cambio: quizá un cruce de miradas en el descansillo, un beso furtivo en el ascensor o, en el mejor de los casos, una breve escapada con ella y su hijo que le brinde una fantasía pasajera de lo que supondría tener una familia como seguro de vida. Así que se embarca en un ajuste de cuentas tan suicida como cool, bello a su manera, y que incluye una escogida banda sonora, estudiados ralentizados y persecuciones que hacen pensar en los quinquis de Fast & Furious como meros aficionados.
Hombres brutos y coches veloces siempre formarán una combinación infalible, y para cuando la sangre y la gasolina empiezan a correr a borbotones -en sus partes más violentas Drive sufre de una preocupante fijación por reventar cráneos-, Ryan Gosling ya ha definido (o más bien revisitado) las pautas de un nuevo paradigma masculino en el que el héroe contemporáneo, además de ser rudo e incorruptible, está obligado a despertar ternura y fascinación. O como dice la canción de College que se escucha en la película: ser un auténtico héroe, ser un auténtico ser humano. Pues eso.
LA PELÍCULA DRIVE SE ESTRENA EL 28 DE DICIEMBRE EN CINES DE TODA ESPAÑA.