Vinculada a la Compañía Nacional de Teatro Clásico en los tiempos de Adolfo Marsillach, lleva más de dos años entregada como coproductora, directora y protagonista -junto a Goizalde Núñez- de Contraacciones. El Centro Dramático Nacional ha sido el último en abrirle las puertas a esta comedia negra que analiza las prácticas abusivas a las que las grandes empresas someten a sus empleados.
Entrevista Pablo Giraldo
Foto Miguel A. Fernández
Si algo bueno tiene el teatro en época de crisis es que le saca los colores descaradamente a sus responsables. Contraacciones, de Mike Bartlett, que pasó por el hall del Teatro Lara antes de llegar a la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero de Madrid, donde ahora se representa, es de esos montajes que pueden jactarse de meter el dedo en la llaga, de sacar a la luz las deshumanizadoras miserias de un sistema que, en otro tiempo, serían fácilmente denunciables, no así en el actual. Aunque para su directora, coproductora y una de sus dos protagonistas, Pilar Massa, no haya resultado especialmente fácil llegar hasta aquí. "Teníamos muchas ganas de mostrar nuestro trabajo en Madrid y echamos los restos buscando una sala donde estrenar, pero sigue siendo muy difícil, por mucho que seamos nosotras o Javier Gutiérrez [que protagonizó Woyzeck hace poco en el CDN y aquí hace de coproductor], ya con una trayectoria. Los espacios no se fían de una función no tan comercial y tienen sus reticencias". Finalmente, el Teatro Lara les acogió la temporada pasada en su programación off con un calendario difícil, los fines de semana a partir de las once de la noche, pero la función gustó y terminaron prorrogando. En una de esas sesiones intempestivas se dejó caer por allí Gerardo Vera y, esa misma noche, entró en el camerino para darles la bienvenida al CDN. "Fue emocionante saber que contrataba el paquete completo: nuestro trabajo, nuestra producción, mi dirección y nuestro montaje". Aquí estamos en una oficina de una gran multinacional que prohíbe tajantemente las relaciones sentimentales entre sus miembros, supuestamente para poder salvaguardar conductas injustas o discriminatorias. La directora cita a una de sus mejores ejecutivas para interrogarla acerca de los rumores que la relacionan sentimentalmente con otro empleado. Si la mujer confiesa estar enamorada, el conflicto entre los intereses personales y profesionales está servido.
Es inevitable pensar en multinacionales agresivas y ejecutivos sin escrúpulos y que se vengan a la mente El método Grönholm o Glengarry Glen Ross, hombres en traje y corbata, ceniceros rebosantes de colillas y sudores fríos. Nada más lejos de la realidad en esta función tan femenina. "Esas tratan un tema parecido, el de la competitividad, pero esta comedia negra aborda otros temas más atemporales y universales, como el abuso de poder y las relaciones entre los seres humanos". Algo que, lejos de lo que se pueda pensar, también sucede en el mundo del artisteo, aunque aquí no existan departamentos de recursos humanos. "Lo bueno de la obra es que puedes extrapolar lo que plantea a otras situaciones: la pérdida de la privacidad de un ser humano a costa de la producción de la empresa, el empleo, el desempleo, el abuso de poder..., todo eso es muy reconocible. Imagino que nadie ha vivido un caso tan extremo como este, pero sí me recuerda cosas que he sentido en mi vida como actriz. La jefa como la que yo represento me recuerda a una persona que me contrató una vez para dirigir una animación... El otro personaje, y lo que es capaz de tragar para conservar su empleo, también se da".
Para escribir esta función, el inglés Mike Bartlett, vinculado a la tradición canalla del Royal Court Theatre londinense, se inspiró en un artículo que se hacía eco de una encuesta en la que el 80% de los trabajadores de una multinacional accedía a firmar la cláusula de no relacionarse sentimentalmente con otro miembro de la compañía. Una desmoralizante y hasta humillante aceptación que en esta función se traduce en una pérdida de dignidad, en una forma de tortura disfrazada de civilidad. "El autor tiene la valentía de escribir textos sin concesiones. En España tenemos muy buenos autores, pero con la manía del final feliz, algo que nunca entenderé. Será que forma parte de nuestra sociedad, de esa España de charanga y pandereta que aún pervive, y por eso queremos que todo acabe bien. Aquí Bartlett tiene la desfachatez de mostrar las miserias del ser humano", cuenta. "Leímos muchísimo sobre el tema, sobre la ola de suicidios en France Télécom, la presión a los trabajadores, hablamos con preparadores de recursos humanos...". Y durante una hora se celebra un duelo interpretativo entre Pilar Massa y Goizalde Núñez, dos actrices en combate dialéctico. "Me da mucha vidilla un montaje así, no sé si por el hecho de ser una actriz contra otra solas en un escenario o por ser Pilar Massa frente a Goizalde Núñez. Ella es especial, generosa donde las haya, no me imagino a otra ahí. Yo no hablaría de duelo: el nuestro es un trabajo de puzle en el que cada una pone su pieza".
LA OBRA CONTRAACCIONES SE REPRESENTA EN EL TEATRO MARÍA GUERRERO (C/TAMAYO Y BAUS, 4) DEL CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL DE MADRID HASTA EL 15 DE ENERO.
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