El actor inglés, que durante años ha visto pasar por delante de sus ojos los papeles más disputados del Hollywood reciente, parece por fin tocado por los dioses. Antes de dar vida al nuevo Superman, su consagración como estrella empieza en Immortals, versión libérrima y en 3D del mito griego de Teseo que firma Tarsem Singh.
Texto Pablo Giraldo.
"La gente se cree que uno se permite el lujo de elegir entre miles de propuestas de trabajo, cuando en realidad la carrera de un actor como yo consiste en que te digan que no en el 90% de los casos. Por eso, cuando aparece una oferta de estas características, dices que sí sin dudarlo". Como eterno aspirante a megaestrella, Henry Cavill sabe de lo que habla. A punto estuvo de brillar con luz propia hace años cuando, tras destacar junto a Jonathan Rhys-Meyers en la serie Los Tudor, su nombre se barajó para proyectos tan dispares como la saga Crepúsculo o la franquicia de James Bond. Solo que para interpretar a Edward Cullen, Cavill, de 28 años, era ya demasiado viejo comparado con un adolescente Robert Pattinson y para encarnar al agente 007, demasiado joven al lado de la madurez de alguien como Daniel Craig. El Batman de Christopher Nolan habría sido el personaje ideal al que prestar su imponente atractivo, pero finalmente los productores inclinaron la balanza en favor de Christian Bale y el inglés se quedó, por tercera vez, a las puertas del ansiado estrellato. "La mejor manera de hacer audiciones es presentarte, hacer lo que te piden de la mejor manera posible y luego olvidarte... De lo contrario, te vas a llevar una decepción", declaró en una ocasión. Puede que la suerte no le acompañara entonces o que, como en esta epopeya griega que ahora protagoniza, todo sea cosa del destino. De ser así, el suyo le estaba reservando la fama en el papel de héroe con facciones apolíneas, a medio camino entre lo divino y humano, en esta épica Immortals y en la futura entrega de Superman, Man Of Steel.
DIOSES, TITANES Y OTRAS BESTIAS
Citar 300 cuando se habla de Immortals, la historia de un joven tocado por los dioses griegos que se rebela contra la tiranía del rey Hiperión, es una obviedad nada gratuita teniendo en cuenta que ambas comparten productores. Desde un principio, estos y el director Tarsem Singh -responsable de las muy particulares La celda y The Fall. El sueño de Alejandría- estaban de acuerdo en que, para el papel de Teseo, querían a un actor cuya fama no hiciera sombra al mito. Justo al contrario que el personaje de Hiperión, para el que la reputación de Mickey Rourke se ajustaba a la perfección. "Henry Cavill es muy versátil, pero no existe malo más original que Mickey Rourke", dice el director. "Por eso dejé que aportara lo que le apeteciera. Es capaz de dar otro giro a los diálogos más sencillos".
Con un casting que completan Stephen Dorff, Freida Pinto, Luke Evans, Kellan Lutz y John Hurt, se ha tejido esta nueva versión de la leyenda de Teseo, el fornido campesino reconvertido en héroe por expreso deseo de Zeus, que desafía a las legiones de un rey enloquecido de poder que busca dominar la raza humana y el Olimpo de los dioses. La herramienta que proporciona aquí el poder absoluto es el mítico Arco de Epiro, una poderosa arma capaz de liberar a los titanes, dioses derrotados con capacidad para destruir el Olimpo, y que en manos equivocadas puede desencadenar el terror. La misión de un escéptico Teseo es hacerse con el arco milagroso y enfrentarse a Hiperión con la ayuda de una sacerdotisa (Freida Pinto) y un ladrón (Stephen Dorff), bajo la supervisión de Zeus (Luke Evans), Poseidón (Kellan Lutz), Atenea (Isabel Lucas) y Ares (Daniel Sharman), que contemplan desde las alturas el destino de los hombres. Un festival mitológico de golpes y acción que enfrenta a mortales, dioses y semidioses en batallas rigurosamente coreografiadas envueltas en un lujoso 3D y repletas de sangre y sudor, tal y como mandan los cánones de 300. "No cabe duda de que 300 fue un hito en nuestras carreras", comenta el productor Mark Canton. "No se había hecho nada parecido hasta entonces, y demostramos que podía abordarse una película histórica de forma moderna, con temas relacionados con los sentimientos, emociones y moral actuales".
Para dar vida al universo estético y original de Immortals fue clave la contribución de un director como Tarsem Singh, forjado en los límites de Hollywood con películas de difícil aceptación, pero con un inconfundible sello de autor. Él es el responsable de que el espectador olvide por momentos la barroca mezcla de personajes y se entregue a un mundo visual deudor de 300, pero sin los vicios y excesos de la Esparta de Zack Snyder, e inconfundiblemente más kitsch, sucio y real. Una época histórica indefinida a través de la cual ha tratado de encontrar cierta belleza con el homoerotismo de los hercúleos cuerpos de sus protagonistas y con una fotografía y una dirección artística que beben tanto de la historia del arte clásico -su director cita sin tapujos a Caravaggio- como de referentes contemporáneos más atrevidos como Erwin Olaf, Versace o Alexander McQueen en majestuosas panorámicas, travellings imposibles y un gusto por el detalle. "Es maravilloso que Tarsem tenga una personalidad tan visual y que no haya sido un estorbo. Tenía todo el trabajo de arte y todos los platós construidos en miniatura. No es muy frecuente que el resultado final se parezca tanto al diseño original", cuenta Cavill.
BLANDIENDO LA ESPADA
Lucir músculo en estilizadas batallas a pecho descubierto -y no exentas de ralentizados- no está al alcance de cualquier actor. Incluso para uno de atractivo probado como Henry Cavill, un papel de este tipo requiere una preparación física extenuante que va más allá de los cincuenta y cuatro días de rodaje, en jornadas de catorce o quince horas -buena parte de ese tiempo invertido en escenas de combate-, que se necesitaron para filmar Immortals. Un ejército de entrenadores, coreógrafos y especialistas se puso al servicio del actor, que entrenó durante seis meses antes de empezar a rodar, incluso cuando aún estaba haciendo Los Tudor, para conseguir la forma física del aguerrido héroe griego. "Me levantaba a las cuatro de la mañana y trabajaba durante dos horas con un entrenador. Practicábamos un tipo de entrenamiento llamado tabata, que consiste en repetir la misma acción una y otra vez casi sin descanso hasta cien veces seguidas. Supuso una dedicación absoluta. Fue brutal, pero muy efectivo", cuenta. "Comer de forma sana fue esencial. Sabía que este proyecto me iba a exigir mucho esfuerzo en el plano físico, así que me lo tomé como una oportunidad de disfrutar mientras me ponía en forma". El resultado, a la vista está.
LA PELÍCULA IMMORTALS SE ESTRENA EL 23 DE DICIEMBRE EN CINES DE TODA ESPAÑA.

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Luke Evans (Imagen 2) es Zeus, padre de todos los dioses. Ha entrenado en secreto a Teseo para enfrentarse a Hiperión y por eso prohíbe a sus hijos que interfieran en el destino de los hombres bajo pena de desterrarles del Olimpo.
Daniel Sharman (Imagen 3) es Ares, dios de la guerra, que infringe las estrictas normas de Zeus e intercede en favor de los humanos.
Kellan Lutz (Imagen 4) interpreta a Poseidón, dios de los océanos, que no se resiste a colaborar con los mortales manejando las mareas.
Freida Pinto (Imagen 5) es Fedra, sacerdotisa del oráculo, la figura que interpreta la voluntad de los dioses anticipándose al destino y que ayudará a Teseo a enfrentarse a Hiperión.
Isabel Lucas (Imagen 6) da vida a Atenea, diosa de la sabiduría e hija favorita de Zeus. Será la mediadora entre su padre y Teseo en la lucha final contra los titanes.
Como símbolo voluble de Hollywood, la imagen de Mickey Rourke (Imagen 7) encaja a la perfección con la del villano Hiperión y le añade otra dimensión al brillo maléfico del personaje.
Con un aire de playboy trasnochado parecido al que desplegaba en el filme Somewhere, de Sofia Coppola, Stephen Dorff (Imagen 8) se pasea por Immortals en la piel del engreído ladrón Stavros.