Nadie sabe lo que habría dado de sí su carrera si no hubieran tardado tanto en ofrecerle comedias. Después de descubrir lo bien que le sentaban las risas con Seis clases de baile en seis semanas, la actriz representa Querida Matilde dispuesta a hacer de la comedia su nuevo género de cabecera.
Entrevista Pablo Giraldo
Foto José Martínez
SHANGAY EXPRESS: ¿Por qué has esperado tanto para hacer comedia?
LOLA HERRERA: Porque un actor raramente escoge su carrera... Siempre he dependido de las ofertas que me hacían los productores y directores, y no me puedo quejar, me han venido muchos papeles a lo largo de toda mi vida, aunque de un género más bien dramático. Me habría gustado tener una carrera más variada, saltar de un género a un otro, aunque me hubiera equivocado, creo que es una cosa muy sana. Ahora llevo una temporada en la que he decidido que mis trabajos tienen que ser de comedia, y lo estoy pasando bastante bien.
S.E: Entre Cinco horas con Mario, Las amargas lágrimas de Petra von Kant y Solas has sufrido lo tuyo. ¿Te llegaron a afectar personalmente estos montajes?
L.H: No es que me afectaran, pero de todos los personajes aprendes. Intercambias mucho y se va ampliando tu abanico mental del ser humano y de las relaciones. A partir de los textos, he buceado al máximo en la psicología de mis personajes para sacarles todo el partido. En las representaciones he ido encontrando nuevos caminos, otras cargas de profundidad, pero cuando se terminan no me cuesta nada desprenderme de los personajes. Los echo fuera literalmente y, si al día siguiente me preguntan algo del papel, ya ni me acuerdo.
S.E: En Querida Matilde se nota que disfrutas lo tuyo luciendo vestuario. ¿Compartes ese punto vanidoso con tu personaje?
L.H: Disfruto con la función en general, la comedia tiene un punto distinto de fantasía y glamour. Y este tipo de comedias tienen que ser brillantes, un tanto sofisticadas. Vienen a ser lo que antes se conocía como alta comedia, en donde las actrices lucían unos trajes de noche maravillosos. Mira que yo aquí saco cuatro batas, pero la gente me dice que qué cosas más bonitas llevo. ¡Y son cuatro pingos diseñados por mí!
S.E: ¿Te has lanzado a diseñar tu propio vestuario?
L.H: Sí, y voy a sacar una línea de ropa, que espero presentar en febrero. En las tiendas no venden ropa para gente de mi edad, solo cosas con las que parece que voy disfrazada o que están pensadas para monjas. Yo me he buscado la vida desde hace años para diseñarme mi ropa, es un impulso creativo además de una necesidad. Y quiero compartirla, porque ser mayor no quiere decir que una tenga que renunciar a estar mona.
S.E: ¿Notas el vacío al que el teatro somete a las actrices que alcanzan cierta edad?
L.H: Llevamos un tiempo largo en el que parece que solo existe la juventud. A mí me parece interesante que vayan aflorando los nuevos talentos, pero en el teatro, como en la vida misma, hay gente joven y no tan joven. Y se escribe poco para la gente mayor. A mí no me importa la dimensión del personaje tanto como seguir en el escenario.
S.E: Has trabajado en varios proyectos con tu hija Natalia [Dicenta]. ¿Son fruto de la casualidad o buscados?
L.H: Nunca nos hemos buscado, y eso que nos han ofrecido muchas más cosas de las que al final hemos hecho. Creo que no es algo necesario; cada una tiene que hacer su camino por separado, sin forzar las cosas. No sé por qué a los productores les da tanto morbo juntarnos...
S.E: Empiezan a llegarte los reconocimientos a toda una vida. ¿Cómo se los toma una?
L.H: A una le gusta que la quieran, y es mejor que me lo demuestren. Si tienen algo que decirme, que lo hagan antes de que me vaya, porque a título póstumo será una lata para mis hijos tener que ir a recoger cosas en mi nombre [risas]. Ya acumulo unos cuantos premios de este tipo, pero es curioso que, cuando me meto en Internet, no aparezcan algunos tan especiales como la Medalla del Trabajo, la Medalla de las Bellas Artes o la del centenario del Círculo de Bellas Artes.
S.E: ¿Y estás cansada de oír lo de ‘gran dama de la escena'?
L.H: Son calificativos, y los agradezco. A mí me gustaría más bien que me vieran como a una actriz con una pasión ciega por el teatro. No me siento gran dama, solo una pieza más del engranaje teatral de este país. Cuando yo empecé existían las ‘primeras actrices', la mayoría dueñas de sus propias compañías, que siempre tenían un tratamiento de ‘dama' o ‘doña' y vivían en una especie de castillo en lo alto. Yo me he educado en ese ambiente, y llamaba doña Lola a Lola Membrives; pero los tiempos han cambiado y, afortunadamente, hay otras cercanías.
S.E: ¿Qué has sentido al ver a Natalia Millán interpretando a Carmen Sotillo?
L.H: Nada especial. Me parece muy bien, porque siempre he dicho que Cinco horas con Mario es un clásico que tendrán que interpretar muchas actrices venideras. No soy propietaria, ni he querido serlo, de ese personaje que nos prestó a todos Miguel Delibes.
LA OBRA QUERIDA MATILDE SE REPRESENTA EN EL TEATRO LA LATINA (PZA. DE LA CEBADA, S/N) DE MADRID HASTA EL 29 DE ENERO.