A Isabel Coixet le tira mucho un drama. Y en Elegy, su mas reciente estreno, lo reitera filmando otra resbaladiza historia de personajes solitarios, esquivos al amor, aferrados a una vida que se escapa entre sus manos.
El protagonista de Elegy es David Kepesh (Ben Kingsley), un profesor universitario de enorme prestigio, un cínico redomado aficionado a coleccionar amantes entre sus jóvenes alumnas con una sola condición: que nunca surja el amor. Consuela (Penélope Cruz) es una más de sus conquistas, hasta que su sensualidad, ternura y perfección obligan a David a enfrentarse con su hedonismo vital. Consumido por los celos e incapaz de sellar un compromiso, David cae en la trampa del hombre que fue en el pasado, del ser consciente de que la vejez es pura masacre. Por si quedara alguna duda, la directora barcelonesa ya anticipa que su próximo proyecto, Mapa de sonidos de Tokio, será otro drama romántico “que se me ocurrió tras visitar el mercado nocturno de pescados y cenar después en un restaurante de yakuzas, un lugar siniestro y fascinante a la vez”.
Para ese proyecto volverá a contar con Penélope Cruz, su nueva actriz fetiche y uno de los principales atractivos para realizar su primera y “angustiosa” incursión en Hollywood: “Habría sido de tontos perder la oportunidad de dirigir un película basada en la obra de Philip Roth, un autor al que admiro mucho, y encima protagonizada por Penélope Cruz”, afirma rotundamente. Una experiencia que no estuvo exenta de riesgos. Primero hubo que convencer al provocador nato Philip Roth, eterno candidato al Nobel de Literatura, de que las escenas de sexo de su novela –con lametón de sangre menstrual incluido– solo serían rodadas si contribuían a que el espectador entendiera el comportamiento de los personajes. El novelista insistió mucho en incluir, al menos, la escena de la felación en la que Consuela acaba mordiéndole el pene a David. “Roth me insistía mucho en que reprodujera hasta el sonido de los dientes, que en el libro está muy bien descrito”, explica Coixet.
Cuando ya llevaban dos semanas de rodaje, Isabel Coixet estuvo a punto de arrojar la toalla: “Fueron días infernales. Mi forma de trabajo es muy diferente a la de allá, y los productores no paraban de decirme que no querían otra película europea oscura, sino un drama a lo Mike Nichols [Closer, El graduado]. Su opinión cambió cuando vieron el resultado de una determinada escena, aunque no aclararé cuál es”. Incluso hasta el último momento no se decidió el desenlace de la cinta: “Había dos finales, el que estaba en el guión, que era mucho peor de lo que te puedas imaginar, y el que propuse yo. Me obligaron a rodar los dos, pero el que figuraba en el guión lo debí filmar con tanta pereza que los productores se decantaron finalmente por el mío”. Otra lucha fue el título definitivo de la película. El libro de Roth se titula Los animales moribundos, más gráfico pero también menos comercial que Elegía. Al final, los productores impusieron el suyo. Roth aún no ha visto el resultado final, “aunque sospecho que dirá que no le gusta. En cualquier caso, Elegy le reportará diez millones de dólares por la venta de los derechos, pero no más prestigio del que ya tiene”.
En Elegy, el universo femenino sigue ocupando un lugar destacado. De hecho,los diálogos de los personajes que interpretan Penélope Cruz o Patricia Clarkson los podría suscribir cualquier mujer actual de mediana edad. Sin embargo, por primera vez en su cine, emerge con fuerza el retrato de los conflictos masculinos. A este respecto, la realizadora confiesa conocer “mejor a los hombres que a las mujeres, que son más impredecibles y más misteriosas. En los hombres siempre hay un punto de miedo al compromiso y a que les quieran”.