Quienes conocen su trabajo lo respetan profundamente. Quienes nunca han tenido la oportunidad de admirar las creaciones de este pintor y escenógrafo francés pueden ahora descubrir su obra gracias a la exposición Del lienzo a la escena, que el Centro Dramático Nacional le dedica en el teatro Valle-Inclán de Madrid. Una cita única para celebrar el talento de un creador genial.
Giorgio Ursini, comisario de la exposición y prologuista del exhaustivo libro que ha editado el Centro Dramático Nacional con motivo de esta exposición, define a Gilles Aillaud como "el primer comunicador teatral panorámico". Es un modo interesante de expresar lo que ha significado el trabajo de este pintor y escenógrafo, que falleció en 2005 en su París natal a los setenta y siete años. Si como pintor se le considera uno de los principales representantes de las corrientes de nueva figuración y figuración narrativa, como decorador han pasado a la historia principalmente sus colaboraciones con directores como Klaus Michael Grüber (en el Schaubühne de Berlín), Giorgio Strehler (en el Piccolo Teatro de Milán) y Jean Jourdheuil. Los apasionados de las puestas en escena conocen bien su trabajo, y lo consideran un auténtico renovador a la hora de crear escenografías repletas de referentes que ayudan a complementar un espectáculo. Ahora, quienes acudan a la sala Francisco Nieva del madrileño teatro Valle-Inclán podrán hacer un completo recorrido por la obra de Gilles Aillaud a través de una exhaustiva muestra que incluye cuadros, dibujos, acuarelas, grabados, carteles originales, fotos, maquetas y material audiovisual. El Faust Salpêtrière puesto en escena por Klaus Michael Grüber en 1975, el Don Carlos del Théâtre du Châtelet de 1996, La coronación de Popea que diseñó en 2000... El recorrido es amplio y llamativo.
Gilles Aillaud trabajó de manera ininterrumpida como decorador teatral desde 1976, y supo crear un estilo inconfundible que le permitió reinventar a través de sus creaciones la concepción del teatro contemporáneo. Los especialistas en su obra no dudan en considerar que el término "escenógrafo" se le queda pequeño. Aillaud no se limitaba a crear espacios teatrales al servicio de un texto o una ópera, sino que intentaba plasmar la esencia de los autores de las piezas y de los autores con los que trabajaba. El mimo que ponía en cada uno de sus trabajos era excepcional: además de colaborar activamente en la construcción de las escenografías, se ocupaba de buscar objetos que considerase necesarios para los montajes, de realizar telones o carteles publicitarios, de buscar referencias iconográficas para enriquecer la puesta en escena y, sobre todo, de inventar espacios que transmitiesen emociones. Los apasionados del teatro saben lo importante que es el escenario en sí mismo, que después llenan los actores y ante el que reaccionan los espectadores. Y lo fácil que puede ser para un escenógrafo caer en la complacencia o en los efectos gratuitos para deslumbrar. Aillaud huía de las concesiones comerciales o personales de un modo radical, y quizá por ello el tiempo está siendo tan benévolo con su obra. Gerardo Vera, director del Centro Dramático Nacional, cuenta que conoció a Aillaud "en los años ochenta, a partir de sus colaboraciones plásticas y escenográficas con Eduardo Arroyo en varios espectáculos de Klaus M. Grüber", y destaca especialmente "la modernidad de su concepción del teatro de nuestro tiempo. Los tratamientos pictóricos del espacio, la profundidad de su discurso, la complejidad de sus intuiciones plásticas reinventando el texto a partir de sus propios sueños... y, sobre todo, la rabiosa contemporaneidad de sus escenografías para espectáculos inspirados en textos clásicos". Y todo ello se puede descubrir a partir de una exposición antológica que nos permite conocer aquello que Gilles Aillaud nunca quiso que un telón ocultase por demasiado tiempo, y que por suerte permanece inmortalizado, para que las nuevas generaciones se sorprendan con lo que fue capaz de imaginar y materializar.
LA EXPOSICION GILLES AILLAUD. DEL LIENZO A LA ESCENA SE PUEDE VISITAR HASTA EL 11 DE MAYO EN LA SALA FRANCISCO NIEVA DEL TEATRO VALLE-INCLAN (PZA. LAVAPIES, S/N), DEL CENTRO DRAMATICO NACIONAL.