Probablemente sea Patrick Wilson uno de los actores más desaprovechados de su generación. A pesar de una trayectoria impecable, que incluye teatro musical (The Full Monty), teleseries de prestigio (Angels In America, en donde interpretaba a un personaje gay) y grandes producciones (El fantasma de la Ópera, Watchmen), su nombre no ha terminado de calar en el gran público. A día de hoy, el filme que mejor se lo ha puesto para desplegar sus encantos sigue siendo Juegos secretos, en donde se medía con Kate Winslet gracias a un jugoso papel protagonista. Pero desde el estreno de la celebrada película de Todd Field han pasado ya cinco años, y ni siquiera una producción mastodóntica como Watchmen le acabó dando el empujón internacional que necesitaba. Extraño, porque tanto en una como en la otra, Wilson exhibía con generosidad su cuerpo serrano y el poder expresivo de esos ojos azules que, de tan claros, deslumbran. Hard Candy era otro ejemplo de que hasta hace nada era habitual verle luciendo su currado físico, pero hace años declaró que su principal deseo era que le ofrecieran una película o una obra en la que no le obligaran a desnudarse.
El cambio de registro al que se somete ahora en Insidious puede venirle de perlas para revigorizar su carrera, porque por lo pronto la cinta se anuncia sin ningún pudor como la película más terrorífica de los últimos tiempos y promete reventar la taquilla. Como avales están el director de Saw, James Wan, y los creadores de Paranormal Activity, que de casas encantadas saben lo suyo. Lo que no sabemos es si a Wilson le habrán obligado también aquí a quitarse la camiseta.
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