Como es habitual con los espectáculos que firma Cirque du Soleil, Corteo está arrasando a su paso por Madrid. Para celebrarlo, fuimos invitados a adentrarnos en las tripas de este circo-ciudad que cada día recibe a casi tres mil invitados por función. Descubrimos rincones reservados a los actores y gimnastas y charlamos con ellos sobre sus nada ordinarias experiencias vitales y profesionales. Así se vive Corteo desde dentro.
Texto Agustín Gómez Cascales
Fotos Miguel Ángel Fernández
No es tan fácil descubrir la cara oculta de Cirque du Soleil. Introducirse en las laberínticas estancias de esta república independiente para amantes del circo del siglo XXI requiere contactos, permisos y una acreditación que hay que mantener visible. Conocer sus entresijos enriquece la experiencia de Corteo. Que de por sí es un espectáculo repleto de momentos especiales, una de las obras más logradas de las que recorren el mundo con el sello de Cirque du Soleil. Quizá porque el aspecto dramático está muy trabajado. Quizá porque se aleja más que nunca de las convenciones del circo tradicional. También porque se asemeja a una función de teatro musical en la que, a pesar de los posibles imprevistos que conllevan los números de riesgo físico y la interacción con el público, todo funciona con la exactitud de un reloj suizo. Aunque la compañía tenga su origen en Canadá.
Este año, Cirque du Soleil está presentando diecinueve espectáculos de forma simultánea en todo el mundo. Todos quienes forman parte de la gran familia que presenta Corteo están encantados de estar en Madrid disfrutando de la primavera, y de permanecer en España unos cuantos meses (también visitarán Valencia, Alicante y Sevilla). Incluso Mauro Mozzani, que interpreta al personaje central del espectáculo, el payaso soñador -con el que comparte nombre- cuyo cortejo fúnebre se convierte en una celebración de la vida. ¿Y por qué no iba a estar contento el italiano de estar aquí? Pues porque desea fervientemente que Corteo llegue a Italia para estar más cerca de los suyos, y de momento no hay previsión de que sea así, al menos en año y medio. Ni al confesárnoslo se pondrá triste. Parece que la vitalidad que desprende el universo Corteo debe ser contagiosa.
Pero volvamos al punto de partida, la entrada principal de artistas y técnicos, única puerta abierta a esta ciudad amurallada en plena Casa de Campo de Madrid cuando no hay función a la vista. Es miércoles, son las 15'45h. de la tarde, y no hay función hasta las 20h. Aunque prácticamente la mitad de la compañía (62 personas entre actores, gimnastas y actores-gimnastas) está ya ensayando sus números. Atravesamos un primer espacio con baños, duchas y lavandería y enseguida llegamos a la denominada ‘carpa artística'. Lo que cualquiera llamaría sala de ensayos. Un espacio muy bien aprovechado en el que hay sitio para camerinos, zona de vestuario (con cuatro personas permanentemente atentas a trajes, arreglos y demás), minigimnasio e incluso un par de sofás con televisión y DVD. Pero nadie está sentado en los sofás -todos, tan elásticos, prefieren el suelo-. Y parece que lo único que se ve en ella son las actuaciones de días previos, para repasar los números que acto seguido ensayarán. Enormes paneles muestran, detalladamente, los horarios para todas las actividades previstas para la semana. Aquí cada minuto está adjudicado, de martes a domingo (los lunes se descansa). E incluso se pueden repasar en las paredes las letras de las canciones que se interpretan en Corteo, que aparecen en su idioma original (las hay en italiano y en español) y en inglés, el idioma universal del Cirque, a pesar de su nombre francés.
LA POLIVALENCIA ES UN GRADO
"Lo primero que hice cuando me contrataron fue aprender inglés, me dieron un curso de seis meses", nos cuenta Alexandr Yudintsev, al que todos llaman Sasha, y que se prepara para ensayar uno de los números más populares, el de las camas mullidas (en el que seis artistas saltan sobre camas de 270 kilos que se mueven sobre plataformas giratorias). Originario de Kazajstán, allí se dedicaba a la gimnasia deportiva, su especialidad eran los ejercicios de suelo. Envió un DVD con la esperanza de ser elegido en un casting del que se enteró, y así fue. Tenía entonces veinte años (ahora veinticuatro) y unas ganas enormes de vivir experiencias nuevas. Hoy, cuando se prepara para la función 2.222 de Corteo, sigue igual de ilusionado, tras haber participado en más de 800. "Vamos rotando, no siempre hacemos los mismos números. Y muchos también interpretamos en ciertas funciones personajes dramáticos, algo que me encanta". Porque Sasha es de los miembros del elenco que se ven como algo más que atletas. "Los hay que están encantados con ejercer simplemente como gimnastas; otros agradecemos la oportunidad de poder evolucionar y no solo ejercitar nuestro físico". Con un fluido inglés, mejorado a base de la práctica continua, Sasha cuenta que este trabajo le ha permitido, como a muchos espectadores, variar su perspectiva de lo que significa y ofrece el circo. "Yo antes pensaba, como todos, que lo único que ofrecía era números con animales [aquí ausentes, salvo por una serie de pollos de juguete, protagonistas de más de un gag], gimnastas y payasos. Aquí la experiencia incluye muchísimo más". A nivel personal, para él también está resultando muy rica esta vivencia. "Me permite conocer ciudades increíbles. Aprovecho mi día libre, que me gusta pasar solo, y disfrutar de los lugares a los que vamos. Madrid me apasiona, y encima la comida se parece mucho a la rusa". Carnívoro convencido, cuenta que en el Cirque se come también estupendamente. Lógico, estos chicos necesitan reponer fuerzas siempre que tienen un rato libre. Y Sasha asegura tener energías de sobra para seguir interpretando Corteo por mucho tiempo, como nos demostrará inmediatamente sobre las camas. "Aún soy joven, y no me agobia saber que tengo todo el año que viene ya planificado. Más bien todo lo contrario: significa que tengo trabajo".
Le dejamos saltando, y Adrián González -responsable de comunicación de Corteo en Europa- nos acompaña al Grand Chapiteau, la gran carpa que todos los espectadores que acuden a ver el espectáculo tienen el privilegio de conocer. Cuenta con un gran escenario central, que cuando entramos ocupan, a pecho descubierto, los seis gimnastas que protagonizan Tournik, uno de los números más espectaculares y exigentes a nivel físico. Los seis se irán entrecruzando mientras se elevan sobre barras paralelas. El ensayo diario para un número así es absolutamente necesario. Aunque sorprende que en esta ocasión sea a ritmo de una sesión house atronadora, un lujo que se permiten mientras trabajan a puerta cerrada. El espacio se antoja más pequeño con las luces cenitales encendidas. Aunque sigue acogiendo a 2.700 personas, cuyas butacas están ahora vacías. Desprovista del dramatismo de la ambientación propia de la función concebida por Daniele Finzi Pasca, la carpa se antoja una sala de entrenamiento más, aunque de dimensiones descomunales -la iluminación del espectáculo, muy lograda a la hora de crear volúmenes y texturas, hace mucho-. Mientras nos recreamos con esta especie de actuación privada, nos cotillea Adrián que de los sesenta y dos artistas de esta compañía solo tres son abiertamente gays, y que su edad media ronda los veintiocho años. Que algunos de los intérpretes de los personajes dramáticos sean significativamente mayores que los gimnastas eleva esa media. Cuatro de los seis artistas de Tournik, de los que bajan la media, acaban ejerciendo como modelos para nosotros. Bastante más tensos cuando posan quietos, sin ningún tipo de riesgo para su salud física, que cuando saltan por los aires. Una de las paradojas que acarrea la vida en el circo.
PAYASADAS, LAS JUSTAS
De vuelta a la carpa artística, nos tropezamos con Mauro Mozzani, protagonista de la historia que se narra en Corteo, todavía con la cara lavada y la expresión mucho más relajada que cuando encarna sobre el escenario a ese payaso soñador que, en un rato, imaginará su atípico funeral, de dos horas y media de duración -descanso incluido-. "Participé en este espectáculo desde su creación", cuenta. "Y llevo más de mil representaciones de las dos mil y pico. Me tomé un descanso porque tengo familia, y no está aquí". Aunque han surgido muchas parejas a partir del roce diario, como nos contó Sasha, la de Mozzani permanece en Italia, ajena a este nomadismo que tan bien lleva gran parte de la compañía. "La parte creativa fue la más interesante para mí, porque fue un trabajo muy teatral, basado en la improvisación y en la búsqueda de elementos que normalmente no se utilizan en el circo. Que además había que adaptar a uno de las dimensiones de este, que es enorme". Ahora agradece las pequeñas cosas que no forman parte del guión diario. "Quienes interpretamos personajes tenemos cierta libertad para improvisar, así que cada función termina siendo distinta gracias a las reacciones del público".
Mauro, que no es precisamente un veinteañero, confiesa que no siempre es fácil trabajar con gente mucho más joven, sobre todo con los gimnastas que están contentos con su rol y no tienen vocación dramática. "Los que no son actores tienen una formación interpretativa muy básica y a veces es complicado intentar transmitirles según qué pautas. Muchos están acostumbrados a reglas deportivas muy estrictas y no están programados para saltárselas. La precisión estética del movimiento no siempre es igual que la que tiene que ver con los sentimientos interiores". Para eso están actores como él, para equilibrar y enriquecer la propuestas de Corteo. Claro, que a Mauro también le toca subirse a las alturas, y nunca ha puesto reparos a hacerlo. "Durante la preparación del espectáculo, en Montreal, me tuve que subir a una red metálica rígida situada a veinte metros del suelo, para caminar sobre ella y acostumbrarme a mirar al vacío. Lo curioso es que nunca tuve miedo a las alturas... hasta ahora", confiesa con una risa nerviosa. "Después de mil funciones es cuando he empezado a plantearme que algo puede pasar...". Aunque sigue disfrutándolo. "Porque notas que la gente está muy pendiente de ti. Cualquier mínimo gesto lo aprecian". Sigue siendo la magia del circo. Que crea entre sus integrantes la sensación de formar parte de una familia. "En el buen sentido y también en el malo", puntualiza Mauro. "A algunos compañeros los consideras íntimos y a otros los ves igual que a la tía lejana que llega de visita y hace veinte años que no la veías". Hay cosas que no cambian, ni siquiera si los encuentros se producen en una carpa artística y no en el salón de casa.
CORTEO DE CIRQUE DU SOLEIL SE REPRESENTA EN MADRID (ESCENARIO PUERTA DEL ÁNGEL) HASTA EL 5 DE JUNIO. DESPUÉS VIAJARÁ A VALENCIA (DESDE EL 16 DE JUNIO), ALICANTE (DESDE EL 28 DE JULIO) Y SEVILLA (DESDE EL 8 DE SEPTIEMBRE). MÁS INFORMACIÓN Y VENTA DE ENTRADAS EN WWW.CIRQUEDUSOLEIL.COM.