Texto Javier A. Fernández
Ilustración www.ivansoldo.com
Animados por el éxito de Enrique Iglesias y Ricky Martin, los ejecutivos de Epic Records entendieron que 2001 era el año idóneo para lanzar mundialmente a la mayor estrella latina del momento, con permiso de Gloria Estefan, y comenzaron por lo más importante: un buen tinte rubio. Diez años después, Shakira -esa gata salvaje domesticada por la industria- no rivaliza con Thalía o Paulina, sino con Beyoncé, Britney Spears y Jennifer Lopez. Pero lo suyo no es ni el r'n'b ni el dance, sino una jugosa combinación de rock latino, pop y ritmos caribeños. Su breve incursión en el dance y la música negra, en Loba, resultó un fracaso. Es por eso que en su último disco, Sale el sol, se rindió, antes que al ‘piquetón', al reggaetón y la salsa, las baladas cursis y el rock blando. Se volvió Loca, Rabiosa y Addicted To You en su peor colección de canciones hasta la fecha. Pese a ser nuestra ‘gordita', Shaki ha ido adelgazando hasta quedarse en las raspas, vamos, en el waka waka.
Resulta llamativo que no se le conozcan escándalos a esta mujer de treinta y cuatro años que comenzó a los catorce en el negocio de la música. Nada que ver con Britney, Amy, Rihanna o Miley. Shakira siempre ha llevado su vida sentimental con bastante discreción, hasta que se ha topado con la prensa rosa española. Y es que no es lo mismo salir con el hijo de un ex presidente argentino que con un macizorro futbolista del Barça diez años más joven que ella. Con el nuevo affaire, su popularidad se ha disparado, y tenemos Shakira hasta en la sopa. Más ahora, cuando su tercera gira a escala planetaria recala de nuevo en su país de adopción, España, con cuatro fechas entre el 30 de mayo y el 4 de junio. El Sale el Sol Tour ha sido dirigido por el excelente fotógrafo Jaume de Laiguana, quien propone un espectáculo más cercano a un concierto de rock que a un show teatral como el que podría ofrecer esta diva. Digo diva por generalizar, ya que por el momento le falta algo importante: confirmarse como icono gay. Quizá por su falta del sentido del drama, o por su interés en contentar a todo el mundo, Shakira jamás ha sido reivindicada por el colectivo, ni ella se ha pronunciado sobre sus fans homosexuales. Ni siquiera cuando agradeció el galardón como Mejor Artista Internacional en los últimos Premios Shangay.