Se ha hecho de rogar Nowhere Boy en nuestro país, donde llega dos años después de su estreno británico. Seguro que los fans de los Beatles tendrán tantas ganas de verla como quienes admiran a la polifacética artista Sam Taylor-Wood, conocida tanto por sus instalaciones, videocreaciones y retratos como por su estrecha relación, profesional y personal, con artistas como Pet Shop Boys. Su atracción por el mundo del pop y sus iconos hace años que ha quedado patente en su obra, con lo cual no sorprende que decidiese debutar en el cine con un retrato del joven John Lennon, mucho antes de convertirse en ídolo de masas.
De ella habría cabido esperar quizá un film de corte experimental, por eso sorprende que optara por un lenguaje de lo más convencional para su primera película. Se nota que lo que le interesa es indagar en la personalidad de Lennon y mostrar experiencias clave de su adolescencia que marcaron al artista que estaba por llegar. Con un guión firmado por Matthew Greenhalg (que también escribió el de Control, la magistral cinta de Anton Corbjin sobre Ian Curtis, el que fuese líder de Joy Division), Sam Taylor-Wood muestra una enorme sensibilidad a la hora de narrar la historia de un joven llamado John Lennon cuyos primeros años estuvieron marcados por dos mujeres clave: su madre Julia (Anne-Marie Duff) y su tía Mimi (Kristin Scott Thomas). Es un drama con toques esperanzadores en que la música tiene menos relevancia de la que cabía esperar, y en la que se luce especialmente Aaron Johnson, que rodó esta película con diecinueve años. No sorprende que sedujera de tal modo a su directora que hoy día es ya su esposo y padre de su hija. Aunque esa es otra historia.
Estreno 27 de mayo
Texto GUSTAVO VAN SANTOS