Texto Lola Fernández
Ilustración www.ivansoldo.com
Quién iba a decir que Jennifer Lopez, la bomba casi-latina (de padres puertorriqueños, nació en el mismísimo Bronx en el 69), acabaría de señora de (Marc Anthony), madre amantísima (de Emme y Max, de tres años y ya modelos de Gucci niños) y contumaz trabajadora: toda una estrella de andar por casa. ‘Jenny From The Block' siempre ha sido una curranta, razón de sus milagrosas resurrecciones, heroicidades en un tiempo que solo admite novedades, reinvenciones, juventud. Hubo (y hay) mucha lentejuela, mucho culo enfundado en modelazos excesivos y mucha figuración en el couché pero, al final, la Lopez supera con nota el test de divas desocupadas. Actriz, cantante, bailarina, diseñadora de moda, productora de cine y, en suma, empresaria de sí misma, mantiene un perfil bajo en el cine (ninguna de sus películas va muy lejos), pero pica más alto en la música: con seis discos en inglés y uno en español, ha vendido más de 55 millones de discos en todo el mundo.
Lo bueno de J.Lo es que aparece cuando menos te lo esperas con un jitazo (ese On The Floor que no para de sonar), un programa de televisión (es juez en American Idol) o una campaña de publicidad (para Tous, sustituyendo a Kylie Minogue). Y eso que llevaba tres años en el dique seco, dedicada a sus labores y buscando sello discográfico. ¿Quién se iba a esperar tamaño comeback de una señora que ya es carne de ¡Hola!? Pues ahí la tienes, con su trasero de nuevo en movimiento, haciendo méritos para volver a conquistar el título de la latina más rica de Hollywood. De momento, su colaboración con Pitbull sobre el clásico boliviano Llorando se fue (sí, la Lambada) logró ocho millones de visitas en YouTube en solo dos días.
Lo inminente es su séptimo disco, Love?, a la venta el 3 de mayo, en el que cuenta con dos canciones de su buena amiga Lady Gaga, Hypnotico y Invading My Mind. Su segundo single, I'm Into You, viene con polémica incluida, por haber grabado su vídeo en una zona restringida de las ruinas de Chichén Itzá, la protegidísima ciudad precolombina de los mayas, patrimonio arqueológico de la Humanidad. Por lo visto, fue por capricho del presidente mexicano, Felipe Calderón, incapaz de negarse a los susurros de la Lopez. Se me olvidaba: estuvo a punto de casarse con Ben Affleck. Eso sí que hubiera sido una ruina.