Puede alardear de moverse con igual soltura y credibilidad tanto por el cine de culto como por las producciones que aspiran a taquillazo. Objeto de deseo para la comunidad gay desde Brokeback Mountain, Jake Gyllenhaal perfila su reconversión en héroe de blockbusters con Código fuente. A sus 30 años, revalida su atractivo.
Entrevista Pablo Giraldo
Foto Pipo Fernández
Jake Gyllenhaal aterrizó en Madrid con ganas de cachondeo. Mientras la mayoría de los periodistas se lanzaba a preguntar al director Duncan Jones sobre las implicaciones metafísicas que plantea en Código fuente, él se dedicó durante la rueda de prensa de presentación de la película a bromear y a jugar con los micrófonos, sin borrar en ningún momento la sonrisa de su cara. En definitiva, a destensar el ambiente y a tomarse las cosas con ligereza. No le hace falta adoptar una pose interesante -en su filmografía figuran títulos como Donnie Darko, Brokeback Mountain o Zodiac que hablan por sí mismos-, así que puede permitírselo. "Mejor me preguntáis a mí primero. Soy el actor y corremos el riesgo de que olvide mi respuesta antes de tiempo", bromeó con respecto a Código fuente. Es su última incursión en el cine de acción y la ciencia ficción, con la que quiere demostrar que su acercamiento al género de aventuras no iba a quedarse en anécdota tras el sinsabor de El príncipe de Persia.
Probablemente, el del actor fuera el primer nombre en barajarse para protagonizar una película que hace malabarismos entre la acción más palomitera y la ciencia ficción que invita a la reflexión. Dos ideas que su director, Duncan Jones -hijo de David Bowie-, ya quiso combinar en su anterior Moon. "Me preparaba para ser profesor de filosofía antes de convertirme en director de cine. Tengo experiencia en la materia e intento que mis películas cuenten con un justo equilibrio", explicó Jones. "Creo que Código fuente se toma en serio lo que se tiene que tomar y entretiene cuando tiene que hacerlo. Me interesa hablar de los individuos enfrentados a las autoridades y de la identidad: de cómo te ves a ti mismo, de cómo nos ven los demás, de que somos más de una persona en función de la imagen que proyectamos".
Aquí es cuando entra en juego alguien como Jake Gyllenhaal. El actor ofrecía el perfil idóneo de estrella atractiva de probado talento, con inquietudes intelectuales y cercano al Hollywood de prestigio. Si alguien podía aportar la suficiente credibilidad a una cinta con alma de blockbuster como para atraer la atención de los más escépticos con esta clase de producciones, ese era él. "El guión me pareció fascinante, pero no me llegué a interesar mucho por el proyecto hasta que no supe que Duncan Jones se había involucrado definitivamente. Cuando los productores me preguntaron qué director me gustaría que la dirigiera yo dije enseguida que quería a Jones, pero lo dije casi como una fantasía, porque acababa de ver Moon. Cuando finalmente aceptó, creí que me estaban tomando el pelo o que era una broma del día de los inocentes", recordaba en Madrid. "Es curioso, porque la película se estrenó el 1 de abril [día de los inocentes en Estados Unidos], así que ha sido todo como de broma". Esta historia de tintes hitchcockianos no viene exenta de carga política, algo que le hacía ganar enteros de cara a su comprometido protagonista. "Es algo a lo que muchos directores no le dan importancia, que suelen dejar al margen, y no me gusta. Lo principal es que al espectador le importen los personajes, pero cuando hay connotaciones políticas en una historia me interesa que se exploren".
Así que aquí está él, transformado en un nuevo héroe moderno que lucha contra el terrorismo vestido con traje y corbata. En Código fuente Gyllenhaal interpreta a un soldado de la guerra de Afganistán que despierta en una realidad paralela, la generada por un simulador que le permite viajar en el tiempo y revivir los ocho últimos minutos de un atentado terrorista en un tren a las afueras de Chicago. Su misión es repetir una y otra vez ese viaje a la fatídica escena hasta dar con la bomba y el asesino, una especie de combinación entre Atrapado en el tiempo y Origen en la que el actor se pasa toda la película repitiendo la misma secuencia. "Suponía un ejercicio actoral continuo de dotar de algo diferente la misma escena cada vez que la hacíamos. Por eso me centré en los sentidos, en intentar adivinar qué ve, huele, siente y escucha mi personaje. Tenía esto muy presente y lo que más me ayudaba era llevar un auricular en el oído por el que Duncan Jones me iba poniendo toda clase de música, temas que yo no había oído nunca y que aumentaban así la sensación de desorientación del personaje".
LA PELÍCULA CÓDIGO FUENTE SE ESTRENA EL 15 DE ABRIL EN CINES DE TODA ESPAÑA.