Texto Pablo Giraldo
A día de hoy, el debate sobre la calidad literaria -fuera de toda discusión- del poema Howl, hace difícil comprender que Lawrence Ferlinghetti, el editor de Allen Ginsberg, tuviera que vérselas con el fiscal de San Francisco en un juicio en el que se le acusaba de obsceno. Y así de trasnochado debería de parecernos hoy en día -aunque procesos judiciales recientes como el iniciado contra el director del Festival de Sitges recuerden lo contrario-, pero entonces corría el año 1957 y la sociedad no parecía del todo dispuesta a aceptar que un texto que incluía las palabras ‘marica' y ‘polla' pudiera calificarse de obra lírica.
Sin embargo, para Ginsberg la polémica fue la mejor estrategia de promoción de su poema. Para empezar, tal y como demuestra Howl, este biopic de vocación independiente que por fin se estrena en nuestro país, se mantuvo en un cómodo segundo plano al margen del litigio -al fin y al cabo, era su editor y no él quien estaba acusado de atentar contra la moral estadounidense-, pero no fue ajeno a una controversia que alimentaba sin reparos tanto a través de su obra como con las entrevistas que concedía, en las que hablaba libremente sobre su homosexualidad, sus escarceos con las drogas -en especial el peyote y el LSD- y su paso por el psiquiátrico.
Los simpatizantes de la "generación beat" tienen ahora la oportunidad de ver en esta cinta que dirigen Rob Epstein -ganador de un Oscar por el documental The Times of Harvey Milk- y Jeffrey Friedman una bienintencionada recreación del momento más comprometido en la carrera de Allen Ginsberg, al que da vida un inspirado James Franco metido a adalid de la contracultura moderna. Un repaso a tres bandas con el que los más fans del poeta disfrutarán gracias a las subyugantes evocaciones animadas que recrean su celebérrimo poema y con el juicio que en la ficción enfrenta a los actores Jon Hamm y David Strathairn, abogado y fiscal respectivamente. Sin embargo, los menos comprometidos con su literatura se quedarán con las ganas de saber más detalles sobre los flashbacks que apenas profundizan en su complicada relación con el que fuera su amante y amigo, Neal Cassady, y con otros compañeros "beat" como Jack Kerouac o Peter Orlovsky, su pareja hasta su muerte.