Texto Lola Fernández
Ilustración www.ivansoldo.com
Al cierre de estas líneas (siempre he querido escribir esto), Never Say Never (Nunca digas nunca, la veremos por aquí el 15 de abril), la película biográfica de Justin Bieber (recordemos: nacido en Ontario, Canadá, hace 16 años) se disputa el primer puesto de la taquilla americana con la última de Jennifer Aniston (Sígueme el rollo, con Adam Sandler). Duelo de pelos histórico: el flequillo más adorado del show business y la melena más intocable de Hollywood unidos por ese barniz ñoño que tanto gusta al público americano. El niño Bieber, además, aún está en edad de ser virgen, un estado que, como ya sabemos, Britney mediante, es de mucho gustar entre niños y mayores made in USA. Por cierto: su color favorito es el lila, es católico practicante y está en contra del aborto y a favor del sexo, pero con amor. Acaba de estrenar micronovia, la actriz Selena Gomez, de la fábrica Disney... Dios los cría y los agentes los juntan.
Bieber, ambición menuda, se ha convertido en la diana perfecta por su sexy incómodo, su voz plasta pastel, sus canciones clónico-sosas y esos modos à la Tom Cruise de papa laico. Es otra víctima al estilo de Michael Jackson, Lindsay Lohan o la misma Spears, niños seducidos prematuramente por una industria voraz que capta ángeles y vomita demonios que, con suerte, terminan refugiándose en los sanadores brazos de Elton John. De momento, la gallina de los huevos de oro de Usher (sí, el rapero, socio del sello donde graba), la vaca que ordeña Scooter Braun (su descubridor, en YouTube, y mánager) funciona: solo Lady Gaga le supera en twitterseguidores. Pero los agoreros ya predicen un futuro negro para este niñato hecho a sí mismo, hijo de madre soltera con pocos medios (white trash, para entendernos) que tuvo el ojo de colgar los playbacks caseros de su retoño en Internet.
Con su debut, My World (2009), Bieber se convirtió en el primer artista en tener siete sencillos de un álbum en el Billboard Hot 100. My World 2.0 (2010), su continuación, alcanzó las primeras diez posiciones en siete países y propició su primera gira, My World Tour -con paradas en Madrid y Barcelona los días 5 y 6 de abril, respectivamente-. Pero, como decíamos, nada es para siempre, empezando por la voz. A Justino se le vienen encima los graves. Habrá pitos, sí, y no saldrán solo de su garganta. La primera en la frente: ahora que estaba tan a gustito, los Grammy le han dado la espalda. ¿El momento de cortarse el flequillo?