En Glorious, la peor cantante del mundo, Llum Barrera y Ángel Ruiz forman un dúo artístico en el que ella presta su voz a la más inepta cantante de ópera de la historia y él sufre las consecuencias en calidad de pianista. El éxito les sonríe hasta en la Gran Vía.
Entrevista Pablo Giraldo
Foto Miguel A. Fernández
Conviene aclarar quién era la conocida como la peor cantante lírica de la historia. Florence Foster Jenkins nació en Estados Unidos a finales del XIX en el seno de una familia acomodada. Desde pequeña mostró un gran interés por la música, pero su padre, banquero de profesión y sabedor del poco talento de su hija para la canción, se negaba a que se dedicara al mundo del espectáculo. Ella no cejó en su empeño, y a la muerte de su progenitor decidió despilfarrar toda su fortuna en una nefasta carrera musical con la que llegó a grabar varios discos -en YouTube abundan los ejemplos de cómo destrozaba las arias de Mozart y Strauss-, y hacerse con el cariño de un público que, atraído por las malas críticas, veía en ella un placer culpable con el que entretenerse en el duro periodo de entreguerras. Hoy por hoy, si de algo ha servido su legado musical es, además de para inspirar a Peter Quilter la comedia Glorious, la peor cantante del mundo, para enseñar lo que jamás hay que hacer a la hora de cantar.
SHANGAY EXPRESS: ¿Cómo se toma uno un personaje tan peculiar?
LLUM BARRERA: Como la primera friki de la historia, porque si hubiera vivido en nuestro tiempo se la hubieran cargado en formatos como Operación Triunfo. Tuvo la suerte de que se podía mantener económicamente y pagarse su sueño, pero es digno de ver cómo una tipa tan extravagante que no sabía cantar no renunciaba a él. Ella defendía que poseía un estilo distinto, un registro más completo que el resto de sus competidoras. Si no, es imposible sacar ánimo para subirse a un escenario y escuchar abucheos, pataleos, cabezazos en la pared y risas, porque la gente iba a cachondearse. No era tonta, leía las críticas y de algo se enteraba, pero era tal su ilusión que pensaba que muchos la criticaban porque no comprendían su particular talento.
S.E: La preparación del papel ha debido ser una tarea divertida.
Llum: No creas. Al principio me acojoné, porque yo no quería imitarla, sino hacer una recreación desde la verdad. Me puse a escuchar cómo lo hacía para empaparme de ese placer que sentía al cantar tan mal y fue un curro importante. Yo sí tengo oído, y no resultaba nada fácil cantar tan mal sin caer en lo grotesco.
S.E: En una comedia tan amarga como esta, ¿en qué se nota el sello de humor de Yllana?
Llum: Se nota en que lo hemos explotado desde una perspectiva más cómica. En realidad, es Peter Quilter quien le ha puesto una pátina romántica a la historia, pero había referencias demasiado anglosajonas que hemos tenido que adaptar. Aquí somos más de acción y había cosas del texto original que no nos hacían gracia.
ÁNGEL RUIZ: Según el texto, mi personaje tenía que verse desde el primer momento que era un pianista gay, y eso a mí no me gustaba, no me apetecía explotar tanto el recurso fácil de la pluma. En realidad fue una mariquita mala que se quiso aprovechar de su herencia, pero me parecía una cosa muy antigua eso de buscar la risa a través de la marica con pluma. Lo bonito es ver cómo se van dando pistas, esos guiños a Cole Porter y a la figura del soltero empedernido...
S.E: Se nota que Llum disfruta en ese papel de diva con un punto gamberro.
Llum: Que te caiga un protagonista que es un caramelo para disfrutar y para recibir los parabienes del público es muy gratificante. Y eso que yo me corto, porque soy mucho más gamberra. Ya un día el director me dijo que no me pasara tanto, que se notaba un huevo que era Llum Barrera.
S.E: ¿Os da por hacer paralelismos con vuestras propias carreras cuando se interpretan personajes así?
Ángel: Esa idea de si llegaremos a engañarnos tanto como ella o de que no tenemos tanto talento como pensamos siempre está ahí. Igual que todas las veces que, como mi personaje, hemos aceptado trabajos que eran un truño solo por dinero.
Llum: Te crea la duda de saber si eres tan buena como piensas, pero yo nunca me creo tanto los personajes, procuro distanciarme. Sí te planteas la máxima de la función, la de ser feliz por encima de todo y cumplir tu sueño, pero no hasta el punto en que lo hace Florence. Yo siempre me dije que si a los dos años de estar en Madrid seguía haciendo animaciones igual que hacía en Barcelona, cogía los bártulos y me iba, porque estaba claro que si no me querían era porque no servía.
LA OBRA GLORIOUS, LA PEOR CANTANTE DEL MUNDO SE REPRESENTA EN EL PEQUEÑO TEATRO GRAN VÍA (GRAN VÍA, 66) DE MADRID.
