Texto Pablo Sycet
Ilustración www.ivansoldo.com
Porque era un tipo muy singular, lo fue hasta para despedirse definitivamente: cuando hasta los menos navideños del orbe nos preparábamos para dar la espalda al nefasto 2010, justo cuando caía la tarde del último día del año, un amigo común me llamó para darme la mala nueva de que Sigfrido Martín Begué (Madrid, 1959) nos había dejado para siempre. Y es que nunca se me había muerto un ser querido en una jornada tan particular, con medio mundo abstraído en los preparativos de la cena de Nochevieja, y el otro medio rogando para que todo este absurdo frenesí pasara pronto, y los Reyes Magos de Oriente se perdieran ya por el arenal para siempre jamás.
Aunque era el más joven representante de "posiblemente la última generación de artistas para los que la pintura ocupa un papel central" (Quico Rivas dixit), que es la de aquellos que nos dimos a conocer entre los últimos 70 y los primeros 80, Sigfrido Martín Begué fue el único -y último- dandy de aquella hornada de artistas que había crecido en un país casposo, pero que aspiraba a reinventarse el mundo y divertirse creando: sus correrías nocturnas al volante de su R-5, en compañía de Almodóvar, Bonezzi, Berlanga y McNamara ya son leyenda urbana de aquellos años que vivimos delirantemente y que quedaron etiquetados para los restos como ‘la movida'.
Sigfrido fue, por encima de todo, un artista único: esa mezcla de clasicismo, ironía e iconoclastia con las que resolvía sus pinturas y diseños escenográficos no tiene parangón en las últimas décadas del arte español, y parece que no va a tener digna continuidad. Pero también, siempre de traje, era un tipo entrañable y divertido como pocos. Y de una verborrea tan lúcida y disparatada como irreverente.
Quizás por eso, unos días después de la inauguración en Madrid de la exposición Viaje alrededor de Carlos Berlanga, que montamos juntos y yo comisarié, me acompañó el envío de unas fotos del acto -en las que, arropando a la madre de Carlos, posamos para la prensa junto a Alaska, Almodóvar y algunos altos responsables de la Comunidad de Madrid- con un escueto: "Te envío la prueba visible de que en el mundo solo hay dos tipologías: las retotollúas y las sicofantas". Y sobre la esencia de las sicofantas y las retotollúas debe seguir discutiendo ahora con Carlos, Tino Casal y Blanca Sánchez, que se fueron antes, allá donde quiera que estén. Descansen en paz.