Lógico que Natalia Dicenta, Miguel Rellán y Javier Mora se muestren exultantes: los tres protagonizan uno de los grandes estrenos del frío enero madrileño, Al final del arco iris. Una función de Peter Quilter que lo tiene todo para enganchar, empezando por su personaje protagonista, Judy Garland. ¿Quién no querría ver qué es capaz de hacer Natalia Dicenta como vehículo del mito?
Entrevista Agustín G. Cascales
Foto portada y fotos interior Miguel A. Fernández
• Acto I
Frente a frente, Miguel Rellán y Javier Mora. Se nota cierta complicidad entre ellos. Enseguida sabremos que se debe al hecho de que llevan meses ensayando juntos la función Al final del arco iris, un éxito instantáneo en Londres que no ha tardado en llegar a Madrid. Y que convierte a su autor, Peter Quilter, en el más representado en estos momentos en la cartelera madrileña (en la Gran Vía se puede ver otro de sus espectáculos, Glorious, la peor cantante del mundo). En Londres es su protagonista femenina, Tracie Bennett la que acumula todos los elogios, algo que previsiblemente sucederá aquí con Natalia Dicenta; y es que la función está concebida a mayor gloria de su protagonista femenina, la sin par Judy Garland. Cuando sube el telón, Garland está en Londres, es diciembre de 1968, y se prepara para regresar a los escenarios para una serie de -legendarios- conciertos en el Talk of the Town. El público la acompaña en ese momento en que ella intenta sacar fuerzas para demostrarle a esos espectadores que la verán en vivo -y a los que durante casi dos horas la acompañan en el teatro- que todavía tiene lo que hay que tener para ser un mito viviente.
En esa aventura, que aquí se puede ver en el teatro Marquina, a Natalia Dicenta la acompañan Miguel Rellán y Javier Mora. El primero no puede evitar mostrar su claro optimismo: "Esto va a salir bien. A juzgar por el éxito que ha tenido en los países en que se ha estrenado, muy burros tendríamos que ser para cargárnoslo". Javier Mora vio la función en Londres hace un mes y ha experimentado lo que espera que viva el público que vaya al Marquina. "El aplauso final fue muy sincero, reconocía tanto la calidad del espectáculo como el esfuerzo de la protagonista". Ellos son los primeros en ponerse en un segundo plano. "Por suerte, todo el mundo se ha dejado el ego en casa", matiza Rellán.
Javier Mora apunta que ha habido alguna tensión que otra, no ve la necesidad de ocultarlo. Y siempre han surgido entre Natalia y él. "Porque los dos somos muy pasionales". Aunque ello no quita para que tanto él como Miguel aseguren estar al servicio de la estrella, como en la ficción. "Es algo que aprendes al estudiar clown: cuando el otro te pega la bofetada hay que saber encajarla". Miguel Rellán remata: "Hay que interpretar el personaje gris cuando toca". Se ha creado un juego de espejos entre realidad y ficción, y los dos actores han asumido en los ensayos de la función un rol similar al que les dicta el texto de Quilter. "Mickey Deans fue el último marido de Judy Garland", explica Mora, encargado de darle vida. "Un treintañero guaperas que trabaja en un club nocturno, familiarizado con el alcohol y las drogas, que se enamora de ella y le aporta una vida sexual y loca. Es un machito con carácter, y cuando se enfrentan, saltan chispas".
El personaje de Miguel Rellán representa el contrapunto perfecto a ese machito que tiene rendida a Judy Garland en Al final del arco iris. Él es Anthony, "el pianista que la ha acompañado durante años. La conoce bien y siente devoción por ella, está fascinado por el mito. Conoce perfectamente sus conflictos internos, y sabe que lo que necesita ante todo es que la quieran. Lo suyo es amor incondicional. Es homosexual, y le hacer ver en todo momento que la adora". Un personaje que representa a todos esos admiradores gays de Garland que la tienen en un altar desde tiempos inmemoriales -es decir, a partir de que protagonizase en 1939 El mago de Oz e interpretase la legendaria Somewhere Over The Rainbow, que también ha servido de base para titular esta obra-. "Ella, en ocasiones, como sabe que él siempre está ahí, le hace algún desplante; pero Anthony se los disculpa, su amor por el mito es superior a todo lo demás".
Justo cuando van a hablar de cómo es su relación con Natalia Dicenta, ella irrumpe en escena. Está lista para fotografiarse junto a sus compañeros. "¡Uy, deja! Mejor lo habláis sin mí". Se desvanece de inmediato, y Javier se arranca con un comentario que viene que ni pintado. "Lo primero que me llamó la atención de ella es que me pareció un torbellino. ¡Qué cantidad de energía! Sentí un compromiso brutal por su parte, se entrega por completo al trabajo. Y tuve claro que estaría ahí para lo que necesitara. Es muy pasional, para lo bueno y para lo malo, y esa relación con tantos altibajos que viven nuestros personajes nos ha venido bien para aplicarla al trabajo juntos". Miguel Rellán también quiso establecer un paralelismo entre el modo en que Anthony y Judy se tratan y la manera en que lo hacen Natalia y él. "Intento protegerla, ser su paño de lágrimas, darle esa ternura que ella necesita... Y eso se refleja en el escenario". Baja el telón. Es momento de la foto.
• Entreacto
Los tres intérpretes de Al final del arco iris se reúnen para posar. No exageraba Javier Mora al afirmar que Natalia Dicenta es un torbellino: retoca el pelo a sus compañeros, bromea, cambia de pose a ritmo endiablado, y ellos le siguen el juego. "Son de un celoso...", dice Natalia. "Si piropeo a uno, al momento tengo que hacerlo con el otro. Un poco como pasa en la función". Al momento, tiene un recuerdo para su madre, la actriz Lola Herrera. "Es curioso, siempre le he pasado los textos a mi madre cuando estudiaba en casa, y esta vez es ella la que me los pasa a mí". Una vez se dan por buenas las fotos, es momento de charlar a solas con la gran protagonista.
• Acto II
Se le sugiere a Natalia que, dado que debe empezar a caracterizarse como Judy Garland para la foto de portada, la entrevista se haga mientras la maquillan -a diario, tardará hora y media en prepararse para la función-. Ella se niega, rotunda. "Gesticulo mucho, me meto en lo que voy a contar, prefiero hacer cada cosa en su momento. Ahora, la entrevista". El foco la apunta directamente. Ajena al ajetreo a su alrededor, Natalia vive intensamente el momento.
SHANGAY EXPRESS: Vaya experiencia protagonizar Al final del arco iris.
NATALIA DICENTA: ¡Menudo viaje! Arrancó el 11 de enero del año pasado, cuando me llamaron para decirme que querían que protagonizase esta función. Me sentí muy honrada, porque estamos hablando de Judy Garland, una de las más grandes mujeres e intérpretes del siglo pasado. Mi trabajo va a consistir en transitar por ella, por sus emociones. Con lo chiquitita que era, nos emocionaba con cada gesto, cada suspiro, cada canción. Yo quiero convertirme en una correa de transmisión: que Judy pase a través de mí y llegue a la gente.
S.E: Porque tampoco es cuestión de imitarla...
N.D: ¡No! Sería estúpido, Judy Garland es inimitable. El trabajo resultaría mezquino y mediocre. Llevo un año empapándome de ella, y desde el principio me di cuenta de que solo podía llevar esto adelante si me lo permitía. Y empecé a hablar con ella...
S.E: ¿Cómo bordear los peligros que conlleva un personaje tan intenso?
N.D: Con la fuerza que me da Judy. Así sé que esta aventura no me dañará como persona. Cuando hablo con ella la veo delante de mí sonriendo, y es algo que me emociona... [se entrecorta su voz y aparecen lágrimas en sus ojos. No miente cuando dice que se emociona. ¿O es que la estaría viendo en ese mismo momento?].
S.E: Habrá quien no entienda que tengas comunicación directa con Judy Garland.
N.D: [Habla entre sollozos] Lo sé. La primera vez que la vi fue cuando me metí en el estudio para grabar Over The Rainbow, la última canción que iba a interpretar para el disco del espectáculo. Estaba sola en la pecera, con los cascos, y no sabía qué iba a pasar. Cerré los ojos, y cuando los abrí la vi, me sonreía. Si no hubiera pasado eso no sé si la hubiera podido grabar... He aprendido a quererla mucho, y la admiro por ser una mujer fortísima, que creció en un mundo de hombres. Explotada desde los dos años y medio, convertida en una caja registradora, nunca fue libre, porque no le dejaron serlo, y tenía un talento, una energía y una vulnerabilidad increíbles.
S.E: Da la sensación de que la agitada vida del mito poco tiene que ver con la tuya.
N.D: Nada que ver, yo soy muy rústica y sanota, y no he estado nunca coja afectivamente como ella. He tenido la suerte de ser una niña querida y de haber vivido una infancia y una adolescencia naturales, con el cole, mis amigas, los primeros novios... Tuve la oportunidad de ejercer de niña prodigio, porque con 9 años ya hice un Pirandello en televisión [Seis personajes en busca de autor]. A mi madre le empezaron a requerir a ‘la niña de sus ojos', pero ella dijo que no, que ya tendría tiempo de trabajar y de tomar mis propias decisiones, y así ha sido.
S.E: ¿Cómo son los hombres que están con Judy en la función?
N.D: Están muy bien colocados, el equilibrio que se crea es perfecto. Por un lado, Jimmy Deans, un personaje real, es el de la caja registradora, el pragmático, el que le consigue todos los Ritalines que quiera con tal de que salga al escenario. Por otro, Anthony, que representa a ese colectivo gay, maravillosamente solidario con ella, explotado y marginado como ella, que lo que quiere es protegerla y salvarla. Gays, lesbianas, mujeres, gente de color..., todos hemos sido machacados por el puto orden paternalista del mundo. Y yo, como feminista comprometida, pienso: ¡lo que hubiera sido de esa mujer si hubiera podido hacerlo todo a su aire!
S.E: ¿Te ha llegado este personaje en el momento justo?
N.D: Sí. Estaba por un lado cantando jazz y por otro interpretando, y de repente me han ofrecido un vehículo a través del cual puedo juntar ambos talentos. Y, de paso, mover las manitas de vez en cuando [risas].
S.E: ¿Cómo te enfrentas a ese personaje bigger than life?
N.D: He querido acercarme a la mujer, prefiero evitar que el mito se me venga encima. Quería descubrir el porqué de su rebeldía. Se habla muy a la ligera de que era alcohólica y drogadicta, y me parece una falta de respeto tremenda, porque era una profesional como la copa de un pino.
S.E: ¿Por qué nos fascina tanto ver a los mitos en sus horas bajas?
N.D: ¿Por qué os fascinan esos personajes en decadencia que caen? Es algo que deberíais contarme vosotros, porque a mí no me pasa. Imagino que os maravilla ver la capacidad de recuperación de una artista de ese calibre, cuya vida y cuya profesión se entremezclan, algo que a mi modo de ver no es nada saludable.
S.E: ¿Supondrá este papel un antes y un después en tu carrera?
N.D: ¡Esas cosas ni las pienso! Mi gran responsabilidad es transmitir toda la emoción del texto y las canciones. Y tengo claro que este reto profesional, que también lo veo como un baño de luz, me va a fortalecer y me hará reafirmarme como mujer.
S.E: ¿Andas sobrada de fuerzas para aguantar el esfuerzo que supondrán las funciones?
N.D: Eso no lo sé todavía. Me estoy preparando como si fuera una atleta: hay que estar muy sana, física y psíquicamente, para interpretar a una mujer tan vulnerable como Judy Garland. Practicar buen sexo y dormir bien también me está viniendo de maravilla. Además, me siento arropada por la gente que me quiere. A veces, cuando me meto en ella, siento su soledad literalmente en mi piel, y quienes están a mi alrededor notan que necesito verme tan acompañada como lo estoy.
LA FUNCIÓN AL FINAL DEL ARCO IRIS SE REPRESENTA EN EL TEATRO MARQUINA (C/PRIM, 11 • MADRID). MÁS INFORMACIÓN EN ALFINALDELARCOIRISLAOBRA.BLOGSPOT.COM