Sus creaciones nunca dejan indiferente, algo que está acostumbrado a provocar el autor y director Rodrigo García. Reacción que se volverá a producir con Gólgota Picnic, su propuesta para el Centro Dramático Nacional.
Entrevista Agustín Gómez Cascales
Retrato Rodrigo García Richard Dumas
Imágenes montaje David Ruano
SHANGAY EXPRESS: ¿Confías siempre en que un encuentro casual o una intuición te servirán en bandeja la idea de tu próximo espectáculo?
RODRIGO GARCÍA: Cada pieza teatral es una manifestación más de la vida. Por vivir entiendo muchos accidentes y recuerdos, pero también cosas que olvidamos por miedo o vergüenza. Luego afloran en las obras, camufladas, y ni nos damos cuenta de que esos miedos estaban ahí. Yo, para salir del paso, muchas veces llamo intuición a algo que no lo es. Porque es toda una vida lo que se refleja en cada pieza, influida por el estado de ánimo y los años de edad del creador en ese momento. En mi caso, ahora, los 46.
S.E: ¿Cuánto hay de reflexión sobre Cristo y su mitología en tu obra?
R.G: Mi intención era tomar una ficción -la de los libros que llaman Sagradas Escrituras- para crear otra. La Biblia es la fábula más fascinante, por la calidad del lenguaje y por la imaginería desbordante: ángeles que suben y caen, cielos que se abren, milagros, demonios, muertes y torturas inimaginables, teorías sobre el amor impracticables... Pero la obra se desvía luego hacia otros asuntos, relacionados siempre con la muerte.
S.E: Semanas antes del estreno de tu debut en el CDN decides cambiarle el título a tu propuesta. ¿Un acto de rebeldía, genialidad o inseguridad?
R.G: Ni rebeldía, ni inseguridad, ni genialidad: soy un tipo que tiene que trabajar mucho y dialogar para que le salga algo. Cuando llamé la obra Las 7 últimas mentiras de Cristo en la Cruz sabía que un elemento angular del montaje sería la interpretación de la pieza de Haydn Las 7 últimas palabras de Cristo en la Cruz. En el mismo cuaderno escribí al menos diez títulos más, entre ellos, Gólgota Picnic. Más tarde definí la idea del espacio escénico: llenaría todo el teatro de panes de hamburguesas. Sería el sucedáneo del picnic de toda la vida, el McPicnic en el corazón de una urbe negra. Y también reflejaba el milagro de los panes. Gerardo Vera me comentó que el título de Las últimas 7 mentiras... le parecía ligero, que el texto era para él más profundo y evocador. Como consecuencia de todo este lío, decidí recuperar uno que había descartado un mes atrás.
S.E: El porqué de llenar el María Guerrero con panes (hechos con harina caducada), ¿se entenderá una vez visto el espectáculo?
R.G: El pan tiene un valor simbólico, y eso va a traer problemas. Esos problemas son interesantes: estamos hablando entonces de una carga cultural, un lastre tan tormentoso como puede serlo la iconografía religiosa. El pan que hay en escena no vale ni una cuarta parte del alquiler diario del piano. Pero el piano no se cuestiona. Y se debería hacer, al menos como símbolo burgués por antonomasia.
S.E: Pero el pianista Marino Formenti juega un papel fundamental, dado que interpreta la obra de Haydn que has citado. ¿Será la música un actor más?
R.G: La música es lo único que se asemeja a la divinidad en esta obra. Por eso intento que ocurra poco en escena mientras Marino toca. ¿Cómo no hacer la prueba de proponer a la gente que escuche a Haydn tocado en un gran piano por un intérprete con la sensibilidad de Marino? Aunque eso vaya en contra del ‘espectáculo', tenía que hacerlo. No hay que olvidar que trabajamos con dinero público, la mía es una posición política.
S.E: ¿Has notado la presión de estar creando una función para el Centro Dramático Nacional?
R.G: Hace años que trabajo en teatros nacionales fuera de España; la ventaja de hacerlo en Madrid es que trabajo en mi lengua. Y lo importante es intentar crear un solo equipo. No es fácil: están los asuntos sindicales, las estructuras de trabajo burocráticas enfrentadas a las maneras caprichosas de los creadores... y hay que poner todo eso de acuerdo. Para mí no existe el CDN, existen las personas, con sus sentimientos y sus conocimientos.
S.E: Que te encargaran una función que ni siquiera habías terminado de escribir hasta poco antes del estreno significa que tienen mucha fe en ti...
R.G: Era parte del trato. En los últimos diez años siempre he trabajado así, con Avignon, el teatro Nacional de Bretaña... En febrero voy a dirigir a la Schaubühne con actores alemanes, y no saben nada concreto del proyecto. Se confía en un artista, independientemente del proyecto concreto. No se pueden subvencionar proyectos como si se tratase de productos de supermercado, solo porque estén bien encuadernados. En España debe cambiar algo urgentemente, para no fastidiar a los más jóvenes. Para ello, los gestores culturales tienen que hablar con los creadores jóvenes, y de momento se dialoga bien poco.
LA OBRA GÓLGOTA PICNIC SE REPRESENTA DEL 7 DE ENERO AL 6 DE FEBRERO EN EL TEATRO MARÍA GUERRERO (C/ TAMAYO Y BAUS, 4 • MADRID) DEL CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL. MÁS INFORMACIÓN EN HTTP://CDN.MCU.ES/