El imaginario colectivo nos ha hecho pensar que un mito como Prometeo debía estar interpretado por un hombre, pero en esta ocasión el personaje de Esquilo reaparece en el Centro Dramático Nacional encarnado por una actriz que atraviesa un dulce momento.
Entrevista Pablo Giraldo Foto Miguel A. Fernández
Al espectador que acude al Teatro Valle-Inclán de Madrid le recibe en la puerta una foto bastante aterradora de Carme Elias. Se trata de un primer plano de la actriz mirando a cámara con el rostro demacrado, el pelo sucio y cubierta de tierra, polvo y sangre. "Es la idea que te viene a la cabeza como espectador del mito de Prometeo, un torturado de alto standing, tapado con una capucha y atado de pies y manos, en una de esas cárceles que no se sabe siquiera dónde están. Una persona condenada a un sitio solitario y crucificada por todos". Sí, esa sería una imagen fácilmente asignable al mito de Prometeo de no ser por un pequeño detalle: el semidiós, en esta ocasión, viene encarnado por una mujer. "Eso fue lo primero que le pregunté a la directora, Carme Portaceli: ‘¿Por qué una mujer y por qué yo?'. Su respuesta fue simple: ‘¿Y por qué no?", recuerda. "Estamos hablando de mitos y todo coge una dimensión en la que ya da igual el sexo. Es más, nunca me he vuelto a preguntar por qué yo, chica, hago de chico".
De este modo, Carme Elias une su nombre a la cada vez más habitual nómina de actrices que sobrepasan las fronteras de los roles femeninos y acaparan papeles tradicionalmente interpretados por hombres. "Hay personajes masculinos que una desea interpretar. Desde tiempos inmemoriales, casi todas las grandes actrices han sentido la ambición y el deseo de interpretar a Hamlet, al Rey Lear y todo Shakespeare en general. Nunca me había planteado esto, porque no soy una generadora de proyectos, pero en este caso sentí un enorme deseo de hacerlo y, al mismo tiempo, un miedo feroz. Como estoy tan acostumbrada a que esa dualidad esté presente en mi vida, pensé que no podía achicarme, que había que dar un paso adelante con todas las consecuencias". Ahora bien, que nadie espere encontrar en este Prometeo de Esquilo -en versión de Heiner Müller y al que se le ha añadido un prólogo, un epílogo y música en directo- una aproximación al mito en clave feminista. "Hay que borrar eso de la cabeza de quien se lo imagine. No me hubiera interesado hacer una versión feminista, sino explicar el mito y qué estamos haciendo nosotros hoy en día a través de él", explica.
SABOREANDO EL MOMENTO
Para Carme Elias, cuya rotación entre cine, teatro y televisión ha sido clave para forjarse una de las trayectorias más solidas de su generación, estar presente al mismo tiempo en los tres medios, gracias a la serie Gavilanes, la película Planes para mañana y este Prometeo es toda una satisfacción. "Estoy muy agradecida a la vida por darme la capacidad de estar ahí", asegura. "Para mí todo lo que hago tiene mucha importancia, lo que pasa es que me he formado entre maravillosos autores, directores y escenógrafos teatrales. He tenido la suerte de haber interpretado grandes textos, y eso es muy reconfortante. La tele me ha dado grandes personajes, y ahora mismo estoy en una serie que me divierte hacer y que tiene un equipo de actores magnífico. Por otro lado, el cine me ha ofrecido grandes perlas, que también me han proporcionado muchas alegrías. Yo no renuncio a nada; es más, creo que un actor debería pasar por todos los medios. Aunque es indispensable que pase, ante todo, por el teatro".
Este dulce momento que atraviesa le sirve además para reflexionar sobre épocas pasadas en las que no abundaban tanto los proyectos en televisión o cine. "Siempre me he sentido corredora de fondo, pero no tengo la sensación de haber estado parada mucho tiempo en mi vida. Quizá sí ha habido temporadas con la marcha más floja o en las que no contaba con un escaparate tan amplio como este, o con ese gran regalo que supuso Camino, pero mi manera de estar en el mundo es siendo actriz, y quiero seguir siéndolo muchos años". Así, Elias incide en la figura de la mujer madura a la que el cine hace el vacío cada vez más, pero a la que por contra el teatro parece mimar. "En teatro hay personajes que duran mucho para un actor y que puedo enfocarlos de una manera que a mi edad en cine ya no podría. En tele y cine no existen personajes así, se escribe para gente joven y nosotras casi siempre estamos de ‘compañera de' o ‘mamá de', algo poco estimulante. Tengo compañeras que están en los cuarenta, mucho más jóvenes que yo, y que ya tienen dificultades para hacerse con buenos personajes. No se valora el poder de la mujer con una cierta edad y no se escribe para ellas".
LA OBRA PROMETEO SE REPRESENTA EN EL TEATRO VALLE-INCLÁN (PZA. LAVAPIÉS, S/N • MADRID) DEL CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL HASTA EL 16 DE ENERO.