EE UU, 2010.
Dir: Steve Antin.
Con Christina Aguilera, Cher, Cam Gigandet, Stanley Tucci, Kristen Bell.
Aunque la estrella absoluta de Burlesque sea una Christina Aguilera entregada por completo a la revisión contemporánea del cabaret, hay que reconocer que gran parte del atractivo del que presumiblemente será el musical de la temporada no recae en que este sea el debut en cine de la cantante, sino en la reaparición en la gran pantalla, después de siete años, de una pletórica Cher. Los fans de la diva que esperaban este momento con ansia opinarán que una estrella de su talla se merecía un papel a la altura de su mito y no un secundario con tan poca presencia en pantalla -tanto en texto como en números musicales, aunque muy bien aprovechados-, pero si se le pregunta al respecto, Cher zanja la cuestión de la manera más simple y contundente posible: le apetecía hacerlo así y no hay que darle más vueltas. Ella quería participar por fin en una película en la que pudiera cantar y en la que el papel fuera sencillo, y allí estaba el realizador de videoclips Steve Antin para contentarla. Así, terminó aceptando el personaje de Tess, la dueña de un club de burlesque -una suerte de Kit Kat Klub versión Los Angeles- en horas bajas que vive acosada por las deudas y la presión de vender un negocio por el que ha sacrificado toda su vida. Un papel que, además de demostrar el gran sentido del humor de Cher, ella consigue exprimir al máximo en cada fotograma.
Ver este cuento de hadas sobre una joven de pueblo que se traslada a la gran ciudad para cumplir su sueño de ser bailarina de variedades es asistir a un crossover entre Showgirls, El bar Coyote y un buen puñado de videoclips de las Pussy Cat Dolls. Tres referentes que, bien vistos, la convierten en imprescindible. Así que olvídate de cualquier hito del género -el más obvio, Cabaret- y déjate llevar por una propuesta que, aunque predecible, resulta de lo más entretenida y disfrutable gracias, sobre todo, a la escalada de su protagonista, a algunos números musicales nada desdeñables y a la química entre Cher y un amanerado Stanley Tucci, metido aquí a ayudante de vestuario.
Texto Pablo Giraldo