A sus 32 años vive con intensidad El mal de la juventud, una función dirigida por Andrés Lima a la que apenas le quedan unos días en Madrid, y en la que todo su reparto se deja la piel. Marta, dando vida a una condesa lesbiana -¿o es bisexual?-, seduce y convence.
Entrevista Agustín Gómez Cascales
Foto Miguel A. Fernández
Esta madrileña de pura cepa disfruta entregándose con pasión en cada nuevo trabajo que se le surge. Lleva tiempo compaginando sus dos principales facetas, la de actriz y la de directora de cortos -ya ha firmado dos, Test (codirigido con la también actriz Natalia Mateo) y Pichis-, aunque en este momento se dedica en cuerpo y alma a El mal de la juventud, una sólida función, escrita por Ferdinand Bruckner, en la que un compacto grupo de actores, a las órdenes de Andrés Lima -reciente aún el éxito de Urtain-, nos traslada a la loca Viena de los años 20. Los jóvenes que vemos en escena bailan, ríen, lloran, follan, se drogan, se deprimen, pelean, aman... Viven un momento complicado y el texto, sombrío y denso, nos ayuda a reconocernos en ellos, casi un siglo después. Marta Aledo da vida a una aristócrata lesbiana con las cosas muy claras. "A nivel personal está siendo una experiencia muy chula. Los siete actores formamos una piña, no te sientes sola en ningún momento. Ni se te hace duro contar una historia como esta, porque Andrés Lima, que es un maestro, ha sabido cómo lograr que nos divirtamos, a ritmo de charlestón, interpretando a estos personajes con cambios emocionales muy drásticos y rápidos". Desirée, su personaje, intenta desde el primer momento seducir a Marie (Sandra Ferrús), algo que en un principio resultó chocante para las dos actrices que las interpretan. "Es que Sandra y yo somos amigas íntimas desde hace doce años, soy hasta la madrina de su hijo. Y, claro, nunca me había fijado en ella desde un punto de vista sexual, como objeto de deseo. Al principio, cuando nos besábamos, inconscientemente separaba la pelvis, y el director me reñía: ‘¡Pero pega el culo!'. A base de ensayar pude verla como el pedazo de mujer que es". No es tan habitual ver a una protagonista lesbiana con las cosas tan claras, menos aún teniendo en cuenta que la función transcurre en los años 20. "Desirée es muy libre, y al principio me costaba. Porque como actriz tienes que permitirte esa libertad de expresión, de apertura. Una vez lo consigues, te ayuda a nivel personal. Es muy guay ser durante dos horas al día la más payasa y la más animada del mundo".
Sin excesiva promoción, se ha corrido la voz entre el público lésbico de que El mal de la juventud incluye una intensa historia de amor y desamor entre dos mujeres. Y parece que no todas entran en el juego de la función con igual entusiasmo. "Algunas compañeras de profesión, que además son lesbianas, me han comentado lo mucho que les gusta que no se subraye nada el lesbianismo en esa relación, que se vea a dos amantes sin más. Pero alguna otra amiga opina que se da una visión muy machista de mi personaje, porque empiezo la función en tetas... Yo no creo que sea así". Desirée, según su intérprete, no se enamora realmente de Marie, sino de la persona que ella quiere que sea. "Creo que eso nos ha pasado a todos alguna vez, cuando queremos ver en alguien la solución a nuestros problemas, sea novio, novia, amigo o ex amante". Todos los personajes de El mal de la juventud están abiertos a nuevas experiencias, no solo sexuales, y el carrusel de vivencias les aboca a un final trágico. Aunque Desirée no pierde la compostura ni el glamour en ningún momento. "El vestuario me ha ayudado muchísimo a construir a la condesa, porque yo soy mucho más hippy. Además, casi siempre he hecho de tirada, de yonqui, nunca de guapa. La ropa, la lencería y los zapatos me ayudaron a sacar a la aristócrata que llevo dentro... Porque, según Andrés Lima, soy mucho más high class de lo que yo misma me creo".
A punto de terminar su breve temporada en Madrid, Marta, como el resto del reparto, confía en que pronto se confirme una gira nacional que les permita continuar con la función en 2011. Pero tampoco se estresa. "Además, ya me está picando el gusanillo de ponerme tras la cámara para contar algo mío, así que es probable que en diciembre empiece a preparar un nuevo corto". También es posible que recupere pronto su personaje episódico ("que viene y va") en Águila roja, aunque no vive obsesionada por lo que vaya a suceder mañana. "Si no surge nada, ya me buscaré yo la vida, siempre acabo por dar con algo".
LA OBRA EL MAL DE LA JUVENTUD SE REPRESENTA EN EL TEATRO DE LA ABADÍA (C/FERNÁNDEZ DE LOS RÍOS, 42) DE MADRID HASTA EL 28 DE NOVIEMBRE.

