Reconoce que le encanta vivir el dolor de sus personajes, y que le apasiona sumergirse en los dramas humanos que representa en la ficcion. Actriz de vocacion inquebrantable, a sus 29 años disfruta de una racha inmejorable. Acaba de rodar El patio de mi carcel, una produccion de Almodovar, y representa a diario en el teatro Bellas Artes de Madrid Carnaval, la nueva funcion de Jordi “El metodo Gronholm” Galceran, un thriller en el que ella se luce... sufriendo, como le gusta.
Entrevista Agustín Gómez Cascales
Foto Alvaro Villarrubia
SHANGAY EXPRESS: En Carnaval interpretas a una madre cuyo hijo ha sido secuestrado. Según entras en escena estás viviendo un drama total. Debe de ser duro, ¿no?
VIOLETA PEREZ: Fácil no es, aunque tiene su aliciente. A mí me gusta mucho hacer drama y me encanta meterme en el dolor de la gente, así que como tengo ese vicio me lo paso muy bien. Aunque para disfrutarlo necesito una preparación previa y estar muy concentrada.
S.E: Como le ocurre a Nuria González, que da vida a la policía encargada del caso, durante toda la obra corres el peligro de pasarte de rosca, aunque ambas lo evitáis. ¿Es algo que te preocupaba?
V.P: Sí. Aunque me siento muy preparada, porque me he formado durante muchos años y si de algo huyo siempre es de la exageración; la sobreactuación me da pánico. Para componer mis personajes procuro tirar de un lugar interior de mucha verdad, muy personal, para que mi interpretación sea orgánica y sincera.
S.E: Carnaval tiene estructura y estética de thriller, más propias del cine o la televisión que del teatro, ¿verdad?
V.P: Yo, desde luego, nunca había participado en una obra que pareciera tanto una película. Y creo que es la primera vez que el espectador acude a observar un drama así en escena, en el que va a pasar una barbaridad muy grande. Es un riesgo enorme hacer una obra como esta, porque se juega con la muerte de un niño en escena, una situación en la que la gente no quiere entrar y, a poco que alguien se pase, la peña no se lo cree.
S.E: Tu interpretación impresiona, porque te pasas la función al límite. ¿No corres el riesgo de agotarte de tanto sufrir?
V.P: A veces me entra vértigo al pensar que tengo que vivir esto todos los días durante al menos dos meses. Aunque, por suerte, utilizo para trabajar sensaciones dolorosas muy mías que tengo controladas, así que el personaje ni me trastoca ni me traumatiza. Siempre recuerdo lo que dijo Max Reindhart cuando escribió el comunicado del Día Mundial del Teatro hace años: "El actor es aquel que baja a las profundidades del alma humana, coge aquello que necesita para un personaje en cuestión y vuelve a la superficie con lo que ha rescatado. Porque en el alma del actor, y de cualquier persona, están todas las posibilidades". Así que yo no me hago ninguna paja mental; la que sufre en escena es Violeta, pero interpretando a Laura, jugando como si fuese una niña de cinco años. Lloraré mucho, pero a la vez me lo estoy pasando pipa [risas]; si no, no lo haría. Encima, estoy en un momento en el que me siento muy satisfecha; están empezando a pasarme cosas que soñé y que se hacen realidad. Ir todos los días de mi casa al teatro era un sueño que tenía, y me emociona mucho vivirlo.
S.E: Debutaste en el cine con Princesas, de Fernando León, y dentro de poco te veremos en El patio de mi cárcel, de Belén Macías...
V.P: Otro personaje muy dramático, interpreto a una presa yonqui. Tuve que meterme a investigar en el mundo de la heroína, adelgazar muchísimo... ¡qué disfrute! Un personaje que no tiene problemas no me interesa demasiado. Me llama más la atención el dolor que la felicidad; supongo que porque las preguntas a las que más me interesa intentar buscar una respuesta también van por ahí.
S.E: ¿Tanto te sirve la interpretación a nivel personal?
V.P: Sí, me ayuda a conocerme más, a canalizar mi propio dolor y a quedarme más tranquila. Conocer mejor el alma de otros me sirve para conocerme mejor a mí misma y el mundo en el que habito, me permite entender más ciertos comportamientos y locuras que experimentamos todos los días. Es un trabajo muy liberador. Shakespeare no escribía esos dramones por casualidad; conocer el alma humana a través de lo artístico es una de las mejores maneras de hacerlo. Y, además, resulta muy divertido.
LA OBRA CARNAVAL SE REPRESENTA EN EL TEATRO BELLAS ARTES (MARQUES DE CASA RIERA, 2) DE MADRID.
