Un año antes de que salieran las Spice Girls y de que muriera una de sus mayores fans, Lady Di, Take That decidieron poner fin a sus cinco años de carrera. A sus espaldas quedaban ocho numeros uno y veinticinco millones de discos vendidos, ademas de una amplia coleccion de fans gays que disfrutaban bailando su musica en los clubes de ambiente DE LOS PRIMEROS noventa. Ahora, una decada despues, Gary Barlow, Marc Owen, Jason Orange y Howard Donald (de Robbie Williams mejor no hablamos) regresan para recuperar su trono entre las boy bands y hacernos ver que siguen con el mismo tiron que cuando eran solo una panda de niñatos que nos volvio loc@s con sus coreografias. Beautiful World es su apuesta.
por Sandra F. Molina
Sinceramente, Glastonbury es un festival que no me gusta ni un pelo. No es sólo por la experiencia de estar llena de barro hasta las cejas durante varios días seguidos, sino también porque creo que está ampliamente demostrado que es una cita gafe para el pop. No estoy hablando de ese género del que se han apropiado bandas como Coldplay (vía baladones insoportables), sino de ese otro que, durante años, llenó las portadas de revistas como Smash Hits (R.I.P.), siempre te hace bailar la misma canción una y otra vez con una coreografía determinada, no te obliga a buscarle una mayor trascendencia, te convierte en una marioneta sin dominio en manos de la estética e, incluso, te hace perder la cabeza, gracias a un estribillo potente, y arrastrarte hasta la puerta de un hotel para que un artista te firme un autógrafo. Eso es POP (sí, con mayúsculas), y más le vale alejarse del mal fario que provoca el festival dirigido por Michael Eavis, porque sólo hay que echar un ojo a los anuarios para darse cuenta de que no miento... En el 2005, todo estaba preparado para que Kylie Minogue fuera cabeza de cartel y triunfará con su Showgirl Tour ante miles de indies británicos dispuestos a rendirse a la evidencia de que a cualquiera le gusta bailar. Pero ya sabemos lo que pasó...
¿Todavía no te crees mi teoría? ¿Quieres más ejemplos? Entonces, hay que remontarse una década antes. Verano de 1995. Robbie Williams se va de fiesta con Oasis al festival, se emborracha hasta las trancas, se deja fotografiar enseñando pezones y, días después de que los tabloides publicaran todo este jugoso material, emite un comunicado en el que afirma que su papel en Take That ha llegado a su fin; que lo que él quiere en realidad es hacer una carrera en solitario y que los Gallagher le adopten como a un hermano más de esa saga con una sola ceja. En febrero del año siguiente, el grupo entero pasó a mejor vida. Ahora, diez años después, este final puede parecer sólo una anécdota más en la historia del pop, pero lo que Mr. Williams todavía no ha admitido es que eliminó de un plumazo a la boy band por antonomasia, esa que puso los pilares para que gente como Westlife, Blue y compañía llegasen después con el terreno completamente allanado, y que consiguió una total conexión con el público gay como no ha vuelto a tener otro grupo de chicos hasta la fecha.
Gary Barlow, Marc Owen, Jason Orange, Howard Donald y Robbie Williams consiguieron llenazo en todas y cada una de sus actuaciones en el G.A.Y. durante sus años en activo, aunque esto no era una casualidad. Nigel Martin-Smith (el cerebro en la sombra) supo bien cómo contrarrestar a New Kids On The Block, la otra boy band del momento. Donde los americanos ofrecían macarrismo y malos modos, estos chicos salidos de Manchester -la ciudad homo por excelencia en los noventa- vendían ambigüedad, sexo y, sobre todo, un hit detrás de otro. Lo mismos se ponían arneses, sombreros de cowboys o se hacían una foto sólo con botas militares y un tanga (¡mítica imagen!) que te soltaban canciones aplastantes como Pray, Relight My Fire, Babe o Everything Changes. El público gay les adoraba y Take That a ellos; todos se beneficiaban de este acuerdo, aunque nunca ninguno de ellos confesó su homosexualidad (en, realidad, los cinco son heteros de tomo y lomo). Daba igual, ellos sabían dónde atacar...
Back For Good
Por todo ello, si alguna vez el fenómeno fan se ha sentido "como vaca sin cencerro" por la desaparición de un grupo, sin duda ha sido por Take That. Ante esto, normalmente no queda otra que tirar de nostalgia e intentar que vuelvan a toda costa para cantar los éxitos de siempre. Esa era la actitud de su todavía gran número de admiradores, mientras que la de los medios británicos, claro, fue intentar hacer un documental sobre la banda donde hubiera mucha noticia barata y la mayor escabrosidad posible. Ahí fue donde los cuatro que quedaron al final -Gary, Mark, Jason y Howard- decidieron que había llegado el momento de dar la cara. Una gira revival con treinta fechas (con todas las entradas vendidas en tan solo una hora y diez minutos) dejó las cosas claras y fue el comienzo de su retorno. Consolidados, menos frenéticos al bailar -es una pena que esas coreografías imposibles se hayan quedado en el pasado- y con la nota bizarra de estar acompañados por un holograma de Robbie Williams cuando cantaban Could It Be Magic, esta gira significó que Take That habían vuelto para rendir cuentas con el pasado y, sobre todo, con el futuro. Lo sentimos por los fans que se quedaron colgados pensando que cualquier tiempo anterior fue mejor, y por las boy bands que creían que el trono del pop masculino y grupal ya era cosa suya, porque Take That ha decidido volver para poner a cada uno en su sitio y, sobre todo, para demostrar que cualquier hazaña se puede repetir, incluso con material nuevo.
Para empezar con buen pie este regreso, al que han decidido llamar Beautiful World, nada mejor que tirar por tierra los tópicos preexistentes, como que Gary Barlow era el único talento musical del grupo; Mark Owen, el niñato que volvía loc@ al fan club con sus camisetas ajustadas con la leyenda "Junkie's Baddy Powder"; Jason, el Míster Maduro de belleza clásica, y Howard, el rebelde y atrevido lleno de rastas... Ahora, son cuatro atractivos treinteañeros -que han ganado con el tiempo, como los buenos vinos-, alejados de cualquier rol grupal, que se dejan fotografiar en Granada (para la portada de su cuarto álbum de estudio) más cubiertos pero también más estilosos. Al mismo tiempo, reivindican que todos los temas de este primer trabajo tras la reunificación han sido escritos por los cuatro, y que aquí nadie es más que nadie.
No sé qué pensará Robbie de todo esto, pero las listas están ahí para demostrar quien parece que va a ganar esta "batalla". Con su primer single, Patience, Take That ha tenido su primer top 10 directo (sólo con descargas de Internet) en Gran Bretaña en diez años, mientras que el compañero que se negó a volver a sus filas entró al ocho con su Lovelight, una posición poco agradecida para lo que él está acostumbrado. Y mientras él sigue en sus trece de hacer música de baile, Gary, Mark, Howard y Jason han decidido pasarse a canciones más tranquilas, medios tiempos que funcionan como antaño antes funcionaban los ritmos acelerados. Así que, al final, llegaré a la conclusión de que, por mucho que parezca empeñarse en ese objetivo, Glastonbury sigue sin poder terminar con el POP. Kylie ha vuelto más espléndida que nunca, presentado en directo en Australia un (inminente) nuevo single imponente bajo sus vestidos de plumas, y ha dicho que el año que vienen le verán la cara por allí, y que se van a enterar bien de quién es ella. Eso sí que es un "Volver a empezar" y no lo de Garci...

Te puedes imaginar la
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montaña rusa que una
década puede ser para
cualquier artista,
sobre todo cuando para
algunos un verano significa
el comienzo y el final
de su carrera musical.
Take That no han sido
una excepción a la regla.