Difícil no evocar a Lorca, Dalí y Buñuel cuando se habla de la Residencia de Estudiantes, pero a José Ramón Fernández le interesaba rescatar otra faceta menos conocida de la institución. En la obra La colmena científica o el café de Negrín se repasan las vidas de otros ilustres residentes como Ramón y Cajal o Severo Ochoa.
Entrevista Pablo Giraldo. Fotos David Ruano
“Te nombran la Residencia de Estudiantes y lo primero en lo que piensas es en Lorca, Dalí y Buñuel”, dice con razón el dramaturgo José Ramón Fernández (La tierra). La Residencia cuenta en su historia con esos tres genios que lo acaparan todo, artistas señeros del espíritu de la institución, pero detrás existe otra historia sobre el esplendor científico que se alcanzó entre sus muros. En el año en que se celebra su primer centenario, la Residencia de Estudiantes ha querido contar con la colaboración del Centro Dramático Nacional para recrear la tertulia que se montaba en aquel laboratorio de fisiología que en los años 30 dirigía el científico Juan Negrín, y por donde pasaron los dos únicos premios Nobel científicos que ha tenido España, Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa.
SHANGAY EXPRESS: ¿Qué historia hay detrás de La colmena científica o el café de Negrín?
JOSÉ RAMÓN FERNÁNDEZ: Es la historia del espíritu de la Residencia, representado en esa tertulia que se hacía a la hora del café y que concentraba a todos los estudiantes en un diálogo de ciencias y letras. Aquí los músicos hablaban con los médicos, los médicos con los poetas, los poetas con los científicos y todos contagiaban a todos. Así se explica, por ejemplo, cómo los típicos dibujos que hacía Lorca, esos trazos que se iban ramificando poco a poco, los tomó de los esquemas que Ramón y Cajal hacía del estudio de las neuronas. Esa mezcla riquísima es algo muy hermoso e interesante.
S.E: ¿Resulta difícil esquivar los lugares comunes cuando se trata de la Residencia?
J.R.F: Hay cosas que es inevitable mencionar cuando investigas, porque son divertidas o responden al espíritu de cualquier chico joven. Resulta inevitable no acordarse de Lorca, que del 35 al 36 ya se pasaba por allí muy poco, pero justo deja momentos preciosos como una fotografía en la que se le ve observando por un microscopio. La idea de centrarme en la ciencia me pareció muy interesante, porque es un mundo que se suele tocar poco y en el que también encontramos ese entusiasmo y esa alegría de vivir propia de los artistas de la Residencia. El primer personaje con el que me topé en esa tertulia es el pintor y poeta José Moreno Villa, ese tipo con pajarita que siempre suele estar al lado de Buñuel, Dalí y Lorca en las fotos. Es él quien me sirve como perfecto enlace entre esos mundos científico y artístico, porque era un hombre de ciencias que al mismo tiempo se sentía muy apegado a Lorca y salía de fiesta con Buñuel.
S.E: Es arriesgado no recurrir a unos tópicos que siempre han funcionado como reclamo...
J.R.F: El reclamo siempre va a ser la propia Residencia, y luego la ciencia. Los nombres de Lorca, Dalí y Buñuel son tan atractivos que incluso hay que recordar que otra gente de categoría sublime como Severo Ochoa, premio Nobel, estaba a su alrededor. La gente de ciencias de hoy se siente muy identificada con muchos de aquellos estudiantes, con esa sensación de que a ellos no se les tiene tan en cuenta. Los de letras nos creemos que los cultos somos nosotros y que los de ciencias están bastante separados de nuestro pensamiento. Ya por aquel entonces, esa falta de contacto se comentaba como un peligro para el futuro, algo que hoy por hoy nos ha empobrecido. Si algo dejo claro aquí es que para la cultura no hay nada más saludable que la promiscuidad, ver constantemente qué está haciendo el de al lado.
S.E: ¿Da tanto juego la historia de los científicos como el trío Lorca, Dalí, Buñuel?
J.R.F: Da juego, por ejemplo, con la relación que se establece entre Severo Ochoa y Juan Negrín. Ochoa llega al laboratorio con veinte años y enseguida se fascina con la figura de Negrín, que por aquel entonces era un reputado científico, al que más tarde le pedirían que se quedara al mando del gobierno republicano. La imagen de Negrín era muy atractiva, era muy simpático y se convierte enseguida en una especie de padre para Ochoa durante años, hasta que sufren importantes desencuentros.
S.E: ¿Encontraste aspectos oscuros investigando ese espíritu de la Residencia?
J.R.F: Lo cierto es que no. Y para crear un texto dramático es un grave problema que no exista un conflicto importante, pero es que la Residencia tuvo una situación privilegiada y, gracias a una serie de protectores, mantuvo muy buen ambiente.
S.E: ¿Cuánto hay de mito y nostalgia en la Residencia?
J.R.F: Todos cuentan su historia con una inevitable nostalgia, pero también hay que tener en cuenta que la Residencia se reabrió en los ochenta y aún no sabemos qué puede dar de sí.
LA OBRA LA COLMENA CIENTÍFICA O EL CAFÉ DE NEGRÍN SE REPRESENTA EN EL TEATRO MARÍA GUERRERO (C/TAMAYO Y BAUS, 4 • MADRID) DEL CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL HASTA EL 14 DE NOVIEMBRE.