Texto Javier Antonio Fernández
Uno de los mayores Hiroshimas del pop tuvo lugar a mediados de los noventa y su radiación se sintió intensamente incluso en estas tierras. Miles de niñas perdieron la inocencia antes que la virginidad al descubrir la separación de su quinteto favorito. Su universo se resquebrajó mientras esperaban en el aeropuerto la llegada, que nunca se produjo, de sus ídolos. Sus amigos, que afirmaban únicamente ‘acompañarlas’, tuvieron que tragarse las lágrimas. Seis años antes de la hecatombe, Take That irrumpían con su pop bailable y facilón para robar el corazón de esos millones de jovencitas y jovencitos ávidos de sueños, romance y nuevos referentes estéticos. Tan descarados que aún siguen provocando escalofríos los festivales de cuero, tachuelas y descamisamientos –o el pelo a lo Brigitte Nielsen de Gary Barlow– que protagonizaban en sus primeros videoclips. Incluso se atrevían con el vogueing. Solo Nigel Martin-Smith, tiburón del show business, homosexual y dueño de varios garitos de ambiente en Manchester, podía estar detrás de este fenómeno: una boy band que proporcionaba carnaza a las mentes calenturientas y romanticismo para los más ciegos. Por suerte, tras los arranques kitsch, fueron sofisticando su imagen hasta llegar a la sobriedad en blanco y negro de Back For Good: una resultona balada con un vídeo en el que los muchachos acababan empapados bajo la lluvia. Pero el chollo se acabo pronto, pues el ego de Robbie Williams reclamó la independencia, y dejó al grupo agonizante.
Diez años después, regresaron como cuarteto. El mundo se admiró al reencontrarse con las ex estrellas en tan buen estado. Habían hecho sus pinitos en solitario, incluso se habían casado y tenido prole, y se presentaban como cuatro atractivos treintañeros de aire melancólico con la lucidez suficiente para emocionar con baladones como Patience. No eran fantasmas del pasado. No había que recuperar el tiempo, solo gozar de él. Tan celebrado ha sido su regreso que han vendido más en esta segunda etapa que en sus comienzos, y han batido récords en sus giras. Viendo el éxito de sus colegas, un Robbie derrotado artísticamente aceptó –¡quién lo iba a decir!– la oferta de reunión con sus antiguos compañeros. Así que ya suena The Flood, y pronto llegará su sexto disco, Progress, acompañado por el anuncio de una gira para 2011. Los cinco de Manchester pasan de adolescentes ultracool a maduritos redimidos. ¿Volverán a triunfar con Robbie? Por ahora, “back for good”.