Texto Lola Fernández. Ilustración www.ivansoldo.com
Tengo un amigo heterosexual (en serio, es un amigo y es heterosexual) que un día me confesó, mail mediante, que veía en YouTube unos tutoriales para ligar más y mejor. El más visto de esos vídeos y su preferido es un monólogo acerca del misterio, cómo conseguirlo y cultivarlo. Por lo visto, a las mujeres nos pone, y debe de ser verdad visto el caso de Stephen Dorff, el nuevo it boy de Sofia Coppola, una chica que no da puntada sin hilo. Dorff (Atlanta, 1973), carnaza de teens desde los 90, intérprete siempre en la delgada línea que separa los actores de las páginas amarillas de los de la ‘A list', tiene esa deliciosa pinta de malote de pega, en la línea de un Mickey Rourke antes del botox. Y una mirada oblicua, estrábica o miope supermisteriosa. Eso, ya lo dicen los gurús de YouTube, triunfa.
Si comparamos su lista de éxitos profesionales con la de personales, podemos hacernos una idea de dónde se encuentra su auténtico talento. Películas: entre cuarenta solo caben en el recuerdo Backbeat (Ian Softley, 1994), sobre los primeros Beatles; I Shot Andy Warhol (Mary Harron, 1996), travestido de Candy Darling; Cecil B. Demented (John Waters, 2000), con Melanie Griffith más rubia que nunca, y Blade (Stephen Norrington, 1998), que le valió un premio MTV al mejor malo del año. El año que viene resucitará a Los inmortales, y de hecho su mirada es solo un poco menos misteriosa que la de Christopher Lambert. Pasemos a sus mujeres: Milla Jovovich, Reese Wither-spoon, Pamela Anderson, Alicia Silverstone, Jennifer Love Hewitt, Scarlett Johansson... Bombshells, que diría un clásico. Fue la primera opción de James Cameron para Titanic, pero resultó demasiado bajito (1,70 cm) para Kate Winslet, otra mujer bombástica. Una pena: a la peli le faltan toneladas de misterio.
Ahora, Dorff ha puesto sus encantos oscuros al servicios de Sofia, la indie más pija del globo. Para ella interpreta a un actor tan triunfador (sex, drugs and rock'n'roll en el Chateau Marmont de Los Angeles) como vacío, que recupera algo de humanidad gracias a su hija de 11 años. No he visto Somewhere, polémico León de Oro en el último Festival de Venecia (Quentin Tarantino, ex de Coppola, presidía el jurado), pero seguro que está llena de bellos planos posmodernamente vacíos. Nuestros mayores lo llaman esteticismo vacuo. Misterio, apunto yo. Vacío: nada dentro. Misterio: tú lo llenas de lo que quieras. He ahí la clave del éxito de Dorff, de Sofia y de mi amigo heterosexual: se están poniendo las botas.