Hay discos que marcan un antes y un después. Hay creadores capaces de trascender un determinado estilo, que admiran y practican, para reinventarlo y dotarlo de una relevancia renovada y una actualidad destacable. Hay proyectos que acaban siendo algo más que la suma de sus partes, que van más allá de las ideas que lo sustentan y de los colaboradores que lo engrandecen. Hercules and Love Affair es uno de esos proyectos; Hercules and Love Affair es uno de esos discos. Andrew Butler es un veinteañero de talento insultante que ha sabido evitar la onda arty que suele afectar a muchos de esos colectivos neoyorquinos que esconden sus limitaciones bajo toneladas de actitud y astutos guiños culturetas. El suyo es un proyecto que reivindica la capacidad emocional de la música disco, que apuesta por una visión romántica de la vida y que actualiza el empuje vital de la escena de baile gay pre-sida. Partiendo de sus obsesiones personales (como la mitología griega), sus fijaciones musicales (la música disco de los setenta y el house vocal ochentero) y su interés por enriquecer su visión con la de amigos y colaboradores (destacan tres: Antony, Kim Ann Foxman y Nomi), Butler ha dado forma a un álbum que le confirma como una de las grandes revelaciones de 2008. Es este un disco que, además de una celebración en toda regla de la cultura de baile, tiene suficiente empaque como para evitar ser clasificado -reducido- a álbum dance. Y son muchos los referentes que se descubren a lo largo de sus diez cortes: Frankie Knuckles, Silver Convention, Inner City, Sylvester, Yazoo, Arthur Russell, Metro Area... ¡hasta un guiño a los Teleñecos hay en el tema que lo cierra, True False/Fake Real! Aunque más allá de los homenajes, destaca la personalidad de Andrew Butler y su arte para jugar con un un sonido, entre hedonista y decadente, que él cultiva con clase.
Quienes busquen ante todo temas rabiosamente bailables, disfrutarán con la efervescencia 70's de Hercules Theme (y esos vientos tan propios del sonido Filadelfia), la petarda reinvención del sonido Chicago propuesta en You Belong, la emotividad de Blind (con un Antony que lo mismo te recuerda a Sylvester que a Alison Moyet) o la positividad de Iris. Quienes agradezcan un toque melancólico, que se dispongan a dejarse embaucar por Time Will o This Is My Love (uno de los temas que interpreta el propio Andrew). Y el contraste entre la orgánica Raise Me Up y la superproducida Easy indican la facilidad con que cambia de registro un Andrew Butler que se merece ya un puesto en el Olimpo.