Por Luis Antonio de Villena, nuestra pluma invitada.
Si uno dice por ahí que en los ámbitos gays un hombre de más de 40 años ya es un 'viejo', la mayoría se asombra. Una amiga mía explotó: "¡Pero si está en lo mejor de su vida!". Es más que posible, pero aún habrá quien diga que no a los 40 sino antes incluso... Es cierto que los bares gays en general (el entorno de Chueca, para entendernos) se han hecho para jóvenes marchosos y estilosos, a veces un tanto cabeza hueca. Pero, los otros, los jóvenes de otra cuerda -que alguno habrá- ¿dónde están? ¿Concluiremos diciendo que los maduritos tienen que irse a ligar a los aledaños de la Ciudad Universitaria, o incluso dentro de los bares de una Facultad?
El caso cierto es que para que alguien mayor de 40 (y no digamos de 50) pueda ligar en Chueca, incluso estando de buen ver, tiene que ser un 'oso' -que, con todo respeto, tampoco es la opción general- o tiene que encomendarse al dios oscuro de la gerontofilia, culto existente -incluso se dice que mucho- pero muy disimulado. ¿Y por qué un hombre de 50 no va a querer ir con un chico de 25? Dirán, no que sea un 'viejo verde' (ridículo concepto), sino más bien que se trata de un 'iluso'. Por eso, tantos hombres que en mi época de jovencito desdeñaban la discreta prostitución masculina -entonces se decía 'chulos' a los 'chaperos', parece que este nombre no tiene tan duras connotaciones- hoy la frecuentan y hasta cantan sus alabanzas agradecidos, porque sin el óbolo requerido por el chico ¿qué iban a hacer ellos? ¿Adónde iban a ir? ¿Con quién podrían consolar o acompañar su soledad? A la gran mayoría de los homosexuales mayorcitos, la prostitución masculina (más discreta, en general, y distinta de la femenina) no les parece un mal -saben que los chicos quieren, que nadie les fuerza y que lo toman como un normal trabajo- y hasta tienden a considerarla un bien que debía contemplar la Seguridad Social. Las relaciones con chaperos pueden ser gratas y hasta salir de ellas algo parecido a un vaho de amistad, pero salvo casos de locas un poco piradas o crematistofílicas (es decir, que disfrutan pagando, una perversión venial) lo que no se saca de ellas es amor y menos una relación entre iguales, no digo en sentido social ni de edad, claro, sino por ejemplo de intereses vitales, como se pueden tener con un estudiante o con un profesor joven. Pero (mal educados) a los gays jóvenes les gustan los gays jóvenes y a los gays guapos, los gays más guapos. Los modelazos o 'chulazos', que dicen ahora.
Está bien haber elevado a la Juventud un ideal o pedestal de arte y de inteligencia presumida, lo que diría Cernuda, "celebración a las gracias del mundo", que nunca son físicamente tan perfectas como en la fungible juventud, pero una cosa es levantar ese ideal intelectual, de cuño platónico, y otra cosa muy distinta es haberlo llevado, y con todas sus consecuencias, a la vida privada, a los bares, a las discotecas, a la calle... Lo hicimos mal, porque nos educaron mal, y ahora el mundo gay es un reducto elitista donde las edades se cruzan muy poco y donde además la juventud (hasta poco más de los 30, como mucho) se ve como un país autosuficiente al que, cuando se sale, no se vuelve a entrar, como no sea pagando. De toda esta mala educación que las revistas exaltan con fotos espectaculares y apolíneas surge la soledad enorme de los gays mayores, los que (no viejos aún, por comparación heterosexual) se resignan a juzgar que "su tiempo ya ha pasado". Los que pasean por los cotos juveniles con la única esperanza de ver, o aún (porque no todo gay viejo es rico, ni mucho menos) los que van ahorrando unos euros para montárselo alguna noche con un chapero no muy caro o incluso (con algo menos de dinero) entrar con uno de esos chicos menos escrupulosos al WC de un bar -lugares fétidos, más bien cutres- para perpetrar ahí cualquier benigna guarrería, pero al menos verle los muslos y los glúteos al chaval bien puesto... ¡Pobres! Muchos de esos hombres sesentones (y aún menores) jamás pensaron, cuando eran jóvenes, y como todos intentaban pasarlo bien, que iban a terminar en maricas de mingitorio, y sin quererlo expresamente. Queda mucho por decir sobre los 'viejos' gays, a los que apenas prestamos atención. Como si fueran mamarrachos o estorbos. Retengamos cuando menos (entre tanta consecución de derechos LGTB) que la sociedad gay tampoco está bien hecha.
LUIS ANTONIO DE VILLENA ES ESCRITOR. SU ULTIMA OBRA PUBLICADA ES NUEVAS SEMBLANZAS Y GENERACIONES (EDITORIAL PRE-TEXTOS).
me gusta y lo comparto en gran medida, pues hasta hace pocos años miraba a gente más mayor que yo como algo denigrante, y ahora no me atrevo a moverme por esos sitios porque me siento "infanticida", salvo que exclusivamente salgo con mi pareja de hace 15 años de relación, pero cuando miro alrededor, parecen mis "hijos" y ellos creo me miran como tal.