Lo suyo no es el activismo, no le gusta que haya quien se confunda. Él se define como escritor, un escritor que además de ser gay, cuenta historias gays. Como las que pueblan Malditos, su última novela, basada parcialmente en sus vivencias personales pero con un componente de fantasía importante. Luis Antonio de Villena se explica y reflexiona sobre su obra y sobre la literatura, sus dos grandes pasiones.
Entrevista Agustín Gómez Cascales
SHANGAY EXPRESS: ¿Escribes novelas por necesidad o por hábito?
LUIS ANTONIO DE VILLENA: Es una necesidad. He sido un escritor de vocación desde muy pequeño. En casa me decían que con eso no podría vivir, y me propuse ser profesor de latín en la universidad. Cuando terminé de estudiar, por circunstancias, me metí en el mundo del periodismo, y ya me fui centrando en la escritura y en mis ideas literarias, viendo cómo unas avanzaban y otras no.
S.E: ¿Cómo se te ocurre la idea de plasmar tus vivencias en un determinado momento en Malditos?
L.A.V: Pensé que era una historia bonita que contar, con unos personajes muy atractivos. Tiene mucho de crónica, pero también he creado una ficción sobre esa historia real. Ya ha pasado tiempo de lo que cuento, y muchas de las personas que salen en la novela han muerto; me pareció un buen momento para dar una visión panorámica de lo que quería contar. Hablo de un tiempo cercano a nivel histórico, los años 70, pero a nivel de nuestra vida humana normal ya está lo suficientemente lejos como para que incluso haya mucha gente que no lo conoció. Pienso que a esos lectores les puede resultar curioso ese mundo del que solo conocen tópicos como el de "sexo, drogas y rock'n'roll" y del que quizá solo les han llegado lecturas negativas. Porque ahora la gente es mucho más conservadora que entonces.
S.E: A través de tu novela, en la que hay mucho sexo y muchas drogas, descubrimos cómo era el mundo gay en el que te movías.
L.A.V: Era un mundo infinitamente menos organizado que el de hoy, pero en ciertos ambientes, más o menos cultos, muy libre. Quienes vivían en el universo de la contracultura se mezclaban: chicos y chicas, gays y heterosexuales... Incluso había heterosexuales que, buscando el ideal de la sexualidad" title="">bisexualidad, sentían que tenían que probar con otros hombres. No es que fuera algo frecuentísimo, pero de repente, una noche, en un bar, se te acercaba alguien y te decía que quería hacer algo contigo. Yo recuerdo que cuando me pasó le tuve que decir al chico que me lo propuso que su problema es que no había pensado que a mí podía no gustarme, como era el caso. Perduraba esa vieja historia, aún vigente, de que a los gays les gustan todos los hombres sin excepción, y nunca ha sido así.
S.E: ¿Cuánto hay de idealización de un tiempo pasado y de nostalgia en Malditos?
L.A.V: Hay mucha invención, no idealización. Quien no ha conocido ese mundo del que hablo no sabe distinguir lo que es realidad de lo que es ficción, y eso es lo bonito. Sí que puede que haya un poquito de nostalgia, no porque piense que aquello era mejor (aunque sí me parece más interesante que mucho de lo que veo hoy día), sino porque siempre que se escribe del pasado, sobre todo de uno en el que tú has participado, es inevitable que se escape esa nostalgia típica.
S.E: ¿Qué añoras de ese mundo pre-sida que reflejas?
L.A.V: Que el sexo era muy libre. Las enfermedades sexuales habituales estaban ya completamente dominadas, y había un interés por avanzar en el territorio de la sexualidad, de atreverse con más cosas. Era una idea que venía de San Francisco, de Estados Unidos, y que al aparecer el sida se frenó de golpe. También produjo un frenazo en el movimiento de liberación gay; a partir de los primeros ochenta los grupos se fueron haciendo más organizados, pero también más conservadores.
S.E: ¿Cómo definirías tu actual grado de compromiso con lo gay?
L.A.V: Yo he sido siempre muy natural. Terenci Moix y yo, que fuimos de los primeros en escribir sobre temas gays en el posfranquismo y que teníamos una buena amistad, decíamos que lo hacíamos porque nos lo pedía el cuerpo. Obras como mi libro de poesía Hímnica, que se editó en 1979, y que en aquel momento llamó mucho la atención, respondían a mis deseos como escritor, no a un programa de lucha LGTB. La literatura y la militancia gay no tienen por qué ir inextricablemente unidas. A mí no me interesa ser un ‘escritor gay'; yo pongo en primer lugar la literatura, lo gay viene después. Y busco que me lea cualquier público. Entonces surge un problema aún por solucionar: el público heterosexual se tiene que acostumbrar a leer buena literatura gay. Y recalco que tiene que ser ‘buena', no incluyo esas novelas tan malas destinadas a un público gay facilón que publican determinadas editoriales especializadas. Tenemos que generar una buena literatura para acostumbrar al público lector. Y me gustaría ser optimista, aunque no lo soy del todo, visto el nivel cultural medio y la ausencia de campañas de educación efectivas. Que tardarían años en dar frutos, aunque no por ello hay que dejar de pensar en crearlas.
EL LIBRO MALDITOS DE LUIS ANTONIO DE VILLENA ESTÁ EDITADO POR BRUGUERA.