Por Luis Antonio De Villena, nuestra pluma invitada
Ya se ha hablado aquí de la salida del armario de Ricky Martin. Que todos hubiéramos oído hace muchísimos años que era gay y que los rumores insistentes hayan tenido razón, es lo de menos. Lo importante es que él lo ha terminado diciendo y que ha usado palabras de connotación religiosa para hablar de su homosexualidad (ha dicho que su homosexualidad era una "bendición"), lo que pondrá más nerviosos, si cabe, a los reaccionarios obispos...
Pero el tema al que quiero volver (y que el asunto Ricky ha devuelto a la actualidad) es el del "armario" mismo. Se nos estaba olvidadando cuánto bien hace a toda la colectividad LGTB que alguien -voluntariamente- salga del armario y testimonie la normalidad de su homosexualidad o lesbianismo. Y al percatarme de esto, debo constatar también cuántos y cuántas todavía no lo han hecho. Incluso uno que coqueteó de jovencito con la ambigüedad, que ha felicitado públicamente al puertorriqueño, sigue en silencio. Faltan muchas mujeres por desarmarizarse y algunos hombres, especialmente de ciertas profesiones tenidas por muy viriles. ¿Alguien cree que no hay toreros ni futbolistas gays? ¿Alguien cree -y esto suena más próximo- que no hay actrices o cantantes lésbicas? Existen nombres que suenan (y han sonado) más que el de Ricky Martin.
Pero no olvidemos, si hablamos de cantantes, actrices y aun escritores, el importante papel que en el silencio de muchos tiene la mercadotecnia. A la mayoría les dicen (sus productores, sus casas discográficas) que si salen del armario perderán fans y obviamente venderán mucho menos. Piénsese que, incluso el ahora alabado Ricky, ha esperado a superar ampliamente la treintena y a tener una carrera más que consolidada, y que le pedirá muy pronto cambiar de imagen (y entonces acaso también de fans) para decidirse a decirnos lo que a tantos nos parecía evidente. No creo que en muchos de estos casos las discográficas tengan razón, porque muchas muchachitas de hoy adoran la ambigüedad y más de una se lo monta, el sábado por la noche, con el amigo gay de turno. Pero sí hay que tener en cuenta (para tanto silencio como todavía existe) la homofobia mercantil. Se supone que así como los homosexuales fuimos educados en la heterosexualidad, y afortunadamente podemos leer un poemario de amor aunque la destinataria sea una mujer (caso de La voz a ti debida de Pedro Salinas, gran libro amoroso), los heterosexuales no han sido -o muy pocos- educados en la homosexualidad, y así (aunque digan respetarla y estar a favor) no leen un libro gay porque el tema no les interesa. No saben remontar la anécdota. Pero esta falta de educación es un gran y grave problema de ahora mismo. Las casas discográficas, dirigidas por personas en teoría simpatizantes LGTB, aconsejan a los y las cantantes jóvenes no salir del armario, por si pierden clientela. Y lo que casi es peor, potentes y conocidas editoriales guiadas por filogays (pero de eso habría mucho que hablar) aconsejan a autores y autoras gays o lesbianas no escribir novelas de tal temática -o dejarlo en un mero apuntito de pasada- porque dicen que lo gay (ahora mismo) vende menos. Lo peor es que en esto -y es una vergüenza del colectivo- tienen razón. Hace unos diez años lo gay (o lésbico) estuvo de moda, porque esas grandes editoriales esperaban ver surgir un emergente público lector gay/lésbico. Pero ese público emergente no ha aparecido (no significativamente, al menos) y algunos lectores heterosexuales no educados para contenidos gays -aun estando a favor del asunto- se han dado de baja de la moda efímera.
Al final, nos quedamos con lo de siempre: España es un país bastante inculto y la medianía o pobreza de lectores afecta tanto a heterosexuales como homosexuales, con el agravante para los últimos de ser (hoy) una moda pasada. ¿Ven por qué hay tanto temor aún a salir del armario? Por homofobia, desde luego, por el machismo anchamente imperante en profesiones como el fútbol, pero también (¡en qué gran medida!) por miedo a perder clientela. Ahora la mercadotecnia es homófoba. Porque antes que perder o que intentar reeducar a los lectores o fans, prefiere refugiarse en lo de siempre. Alguien lo dijo: el mercado nunca es progresista.
* LUIS ANTONIO DE VILLENA ES ESCRITOR. SU ÚLTIMA OBRA PUBLICADA ES LA NOVELA MALDITOS (BRUGUERA)