¿Qué tienen en común Terminator Salvation, Avatar y ahora Furia de titanes? Pues que todos estos títulos son blockbusters recientes con aspiraciones a taquillazo -algunos con mejores resultados que otros- y que, da la casualidad, cuentan con un reclamo común: Sam Worthington de absoluto protagonista. A este australiano le ha tocado una buena estrella para, sin ser excesivamente conocido, haberse colado en los productos más rentables de los últimos meses. Ya incluso antes del estreno de Avatar, se hizo notar la influencia de James Cameron, que recomendó su nombre al director McG para su papel de Terminator, y de ahí a esta actualización de Furia de titanes que cuenta tras la cámara con Louis Leterrier (Transporter, El increíble Hulk 2), todo un experto en combinar testosterona y adrenalina en pantalla grande.
Aunque no sea más que la consecuencia directa de la falta de ideas originales del Hollywood actual, este remake del clásico de los ochenta -que protagonizaron en su día, entre otros, Laurence Olivier, Maggie Smith y Ursula Andress- se presenta ahora con el atractivo del 3D que, visto el éxito de Avatar, se postula como la nueva panacea de la industria. De ese modo, entre tanta pirotecnia visual -muy cercana al 300 de Zack Snyder-, se nos cuenta de nuevo la mítica historia de Perseo (Sam Worthington), nacido dios pero crecido como hombre, en continua lucha con Hades (Ralph Fiennes), el señor del inframundo que pretende arrebatar los poderes a Zeus (Liam Neeson) para desatar el infierno en la Tierra... En definitiva, una superproducción en la que poner a dioses, reyes y monstruos en constante conflicto de intereses y que va más por libre de lo que cabría esperarse con respecto al mito. Ahora bien, puestos a elegir, para recrearse la vista siempre será preferible ver aquí a un Sam Worthington ataviado con falda de guerrero griego y espada en mano que no como extraterrestre gigante de azul fosforescente.
Texto: Pablo Giraldo
Gran película la de los 80..... veremos c´omo funciona ahora con Worthington