Ahora que se conmemora el centenario de la Gran Vía, conviene recordar el pasacalles que abre la zarzuela de Chueca: "Somos las calles, somos las plazas y callejones de Madrid, que por un recurso mágico nos podemos hoy congregar aquí. Es el motivo que nos reúne perturbador de un modo tal, que solamente él causaría un trastorno tan fenomenal...". Y conviene hacerlo porque, ¿dónde están las plazas de Madrid? ¿Qué está pasando con su calles? Últimamente hay como una apisonadora que arrasa, peatonalizando a diestro y siniestro (nada en contra de ello), dejando todo exactamente plano.
Cierto es que la Gran Vía consistió en eso, en arrasar con todo (casas, palacios, conventos, iglesias, callejuelas y plazas) para hacer una gran avenida, la que hoy celebramos, y que, además, es, sin duda, una de las más bellas del mundo. Pero también es cierto que era un proyecto de expansión, no de conservación. Lo de hoy es una especie de plaga que está haciendo que Madrid pierda su personalidad en pos de una estética de losetas (muy sucias, pues absorben toda la porquería) y farolas como de Ikea, dejando la ciudad tan impersonal como una urbanización del Pocero. Parece que lo autóctono, por estar ligado a la tradición, es sinónimo de rancio y cutre, ¡qué estupidez! Y al contrario de lo que ocurre en otras modernas ciudades, como Londres, se están perdiendo las señas de identidad.
Ya que empezamos zarzueleros, pues sigamos: "El pueblo de Madrid encuentra siempre diversión, lo mismo en Carnaval, que en viernes de Pasión". Hablamos de una ciudad alegre, viva, hermosa, con unos rincones con un encanto increíble en los que, hace años, se cantaba "soy madrileña, porque Dios ha querido que así lo sea"... ¡Venga chulería! ¿Y qué, es malo? Claro que no. Eso es solo una cara de una ciudad con mil más. Y esa riqueza siempre ha tenido el escenario de sus callejuelas y plazuelas, ahora apisonadas.
Luego está el complejo de que hay que importar costumbres anulando las locales. También es cierto que la Gran Vía, que hoy celebramos, bebía de la americanización del momento, con sus neones, cines, cafeterías modernas con perritos calientes y su toques decó en los rascacielos. Pero pasado por el tamiz de aquí. Vamos, que si el maestro Guerrero hizo el Coliseum decó, lo hizo con motivos locales. Ahora todo es muy frío. No se ve eso, insisto, en Londres, que siendo, como es, la más moderna de las ciudades, ha sabido sumar y no apisonar, y junto a un señor de Saville Road con su paraguas de Brigg están todas las vanguardias habidas y por haber.
Lo que tiene cojones es que teniendo un género tan rico y tan identificado con Madrid como es la zarzuela, no se potencie el teatro que lleva su nombre, que los pobres con cuatro euros hacen milagros. Pero eso ya no es culpa del Ayuntamiento -o ‘la Municipalidad', como dicen las calles en La Gran Vía- sino del Ministerio de Cultura, por lo que dejamos ese tema para la semana que viene. Al equipo municipal, ya que no es muy zarzuelero, pues que quite al "rata primero, al segundo y al tercero" de la Gran Vía. Que los ladrones de hoy son muy cutres y sin chispa.
me pregunto cómo nos podemos jactar de este centenario si la gran vía es el símbolo de la degradaciíon urbana de madrid. esas son las calles que queremos??