Estambul se viste de largo para albergar la capitalidad cultural europea de 2010, un acontecimiento que llenará la agenda de la ciudad de un sinfín de atractivos artísticos y en la que ya ha se ha podido ver el flamenco alternativo de Los Vivancos, nuestros embajadores en un singular paseo por la ciudad.
Entrevista Pablo Giraldo
ESA GRAN FAMILIA
Los Vivancos no vienen a representar el modelo más habitual de familia, porque formar parte de una en la que treinta y nueve hermanos comparten un mismo padre es de todo menos corriente. "A la gente le llama la atención porque les parece imposible que se pueda dar una familia con tantos hermanos, pero es muy sencillo: apagas el televisor y te pones a la tarea", bromean Los Vivancos. "Estamos esparcidos por el mundo y no nos podemos ver muy a menudo, pero hay muy buena relación entre todos", aseguran. Crecer en una familia de esas características tiene que forjar el carácter, algo que les ha venido muy bien a los siete que han terminado por entregarse a la danza con su apellido como bandera. "Las jerarquías estaban muy claras desde pequeños, pero hemos vivido una infancia ideal. Nuestra relación con el arte, la música y la danza nos ha transmitido unos valores muy determinados", dicen. Cuesta creer que una familia con tantos miembros -de edades comprendidas entre los dieciséis y los cuarenta y cinco años- pueda permanecer unida, pero al menos para siete lo que les mantiene juntos es la pasión por el baile, fruto del esfuerzo de un padre que les inculcó desde la infancia lo mejor de las artes escénicas y les forjó un destino. "Su idea, en un principio, era montar un circo con todos nosotros, nuestras hermanas incluidas, pero al final fuimos nosotros siete los que culminamos su sueño". Y lo han hecho en forma de compañía de flamenco alternativo, de las pocas capaces de salir airosas tanto del escrutinio del público como de la crítica, algo difícil de combinar en una disciplina plagada de puristas. Su último montaje, Siete hermanos, afronta ahora una gira mundial que les llevó recientemente hasta Estambul, y en la que también figuran destinos como Hong Kong, Moscú o Nueva York. El espectáculo no llevará un título muy original, pero es sencillo e informativo: siete hermanos sobre un escenario sacándole todo el partido posible al flamenco, la música, la danza contemporánea, las artes marciales, el ballet y el breakdance.
PARADA Y FONDA
Los siete reconocen vivir un época bastante intensa de trabajo, por eso antes de poner rumbo a Asia, Los Vivancos optaron por tomarse un respiro en Turquía, una parada de fin de semana en la que hubo tiempo para todo, además de para representar su espectáculo en Estambul. "Veníamos de representar Siete hermanos en el Teatre Victòria de Barcelona durante un mes completo, y este descanso en Estambul supuso todo un balón de oxígeno para nosotros. Visitar los lugares más emblemáticos como Santa Sofía, El Gran Bazar o Las Cisternas Romanas supuso nuestras primeras vacaciones en mucho tiempo, y nos sacaron del ajetreo de la gira". La mayoría reconoce haberse sentido en Turquía como en casa, dado que es un país que han escogido varias veces como lugar de vacaciones, y que les acogía ya por cuarta vez. "Turquía nos encanta, desde su tradición culinaria hasta el arte, todo. Esta es ya la cuarta vez que íbamos y, aunque viajamos muchísimo, Estambul es una de las ciudades que más nos gustan. Siempre estaremos encantados de volver ya sea de vacaciones o de gira", reconocen. "No es que tuviéramos una idea preconcebida del país, pero la respuesta de la gente fue supercálida. En ese sentido se parecen mucho a los españoles, son muy efusivos. El público estuvo entregadísimo, y cuando terminamos la representación algunos nos estaban esperando fuera del teatro. Hasta había un grupo que nos había visto hace dos años en nuestra última visita y que nos estaba siguiendo por toda Turquía".
100% ORIGINAL
Productores, coreógrafos, intérpretes, bailarines... El grado de implicación de Los Vivancos con el mundo de la danza es máximo, y son pocos los aspectos de cada nuevo show que no pasan por su control. "No buscamos la inspiración en ningún elemento concreto, pero el hecho de viajar mucho y haber estudiado en tantos países nos ayuda a crear cosas nuevas. Lo que siempre queremos es hacerlo a lo grande, poner en pie espectáculos impresionantes y bonitos". En cada nueva coreografía todo está milimétricamente estudiado, porque si de algo presume la compañía es de haberse formado a conciencia desde muy jóvenes en el mundo de la danza, tanto lírica como flamenca, algo que no deja de llamar la atención en una disciplina en la que suele pesar más la tradición y el nervio que la técnica. "Todo el que te diga que ha aprendido en la escuela de la calle se ha tenido que matar a estudiar", dicen. "Flamenco, baile contemporáneo, ballet clásico, artes marciales, acrobacias, funky, hip-hop, breakdance..., son cosas que hemos estudiado durante años; no es que hayamos contratado a un profesor durante un mes para dar el pego y añadir un número más al espectáculo. La mayoría de nosotros tiene la carrera de danza o de música, y si hacemos lo que hacemos es porque lo hemos aprendido. Nunca meteríamos en el espectáculo una disciplina que no dominásemos al cien por cien. Por ejemplo, lo más normal sería que nos pusiéramos a cantar, pero como nunca hemos estudiado canto, es algo que no haremos". En ese sentido, Los Vivancos no son el prototipo de bailarines que cabría esperar en el mundo del flamenco. "No queremos pasar por eso porque hemos estado más tiempo de nuestra vida fuera que dentro de España. Indudablemente, estudiamos el flamenco porque era lo que nuestro padre bailaba y, en cierta medida, lo llevamos en la sangre, pero nos consideramos más bailarines que bailaores. A veces bromeamos y nos llamamos artistas de élite, porque físicamente lo que hacemos nos exige mucho".
UN GUIÑO PROVOCATIVO
Si hubiera que buscar más señas de identidad entre estos siete magníficos, además de que todos comparten parentesco y nombres bíblicos ("sin ninguna connotación religiosa, que conste"), sería su habitual tendencia a aparecer con el torso desnudo en casi todas sus coreografías, algo que ni en Estambul quisieron dejar de hacer. "Fue divertido porque para la sesión de fotos se nos ocurrió quitarnos la camiseta y el guardia del recinto enseguida vino a decirnos que termináramos cuanto antes", reconocen entre risas, aun cuando en realidad, bailar a pecho descubierto es algo que solo hacen en uno de los números de su último espectáculo. "A simple vista parece que lo hacemos todo sin camiseta, por lo que hemos hecho en televisión y porque en las imágenes promocionales aparecemos con el torso desnudo, pero si vas a ver el espectáculo quizá solo haya un diez por ciento", dicen.
Podría sonar decepcionante si no fuera porque el resto del tiempo se lo pasan con atuendos no menos provocativos, y que ellos se toman a risa. "Pasamos por muchos tipos de vestuario: traje, tejanos, cuero, faldas... y terminamos sin camiseta. Desde que se abre el telón estamos provocando", bromean. "Siempre buscamos un estilo muy salvaje y varonil. Nos gusta sentir la danza como una expresión artística que nos libera del día a día, de la sociedad que te restringe. Si por lo general no podemos seguir nuestros instintos en la vida diaria, cuando salimos al escenario es cuando nos liberamos totalmente". Los Vivancos reivindican así una manera de interpretar el arte muy masculina, alejada de las corrientes modernas de moda en el mundo de la danza. "Nos gusta bailar como machos, pero porque el flamenco es un arte muy visceral. Es verdad que en la danza contemporánea el bailarín masculino tiende a feminizarse, pero a nosotros nos gusta mucho marcar la diferencia. ¿Ver a siete hombres jóvenes en el escenario puede ser provocativo? Bueno, algún guiño oculto sí que puede haber...".
ÉXITO EXTRANJERO
Tras la buena acogida que les han dispensado en Turquía, a Los Vivancos les espera una gira mundial muy poco habitual para una compañía de este tipo, y que contrasta sobre todo con la notoriedad que se resisten a adquirir en España, su país de origen. "Simplemente por el hecho de estar viviendo fuera y habernos formado en el extranjero, hemos tenido más éxito más allá de España, pero no nos identificamos con el típico dicho de que nadie es profeta en su tierra. También en España la gente ha sabido acogernos muy bien", dicen. En su caso, el miedo a la opinión de los más puristas se disipó enseguida, seguros de que dominaban las disciplinas que adoptan en sus espectáculos. "La primera vez que vinimos nos imponía mucho, porque no sabíamos si los puristas nos iban a mirar con buenos ojos, pero entendieron muy bien el mensaje que queríamos transmitir, y es que nosotros somos puros haciendo lo que hacemos".
EL ESPECTÁCULO SIETE HERMANOS DE LOS VIVANCOS SE REPRESENTA EN EL TEATRE DE LA LLOTJA (AVDA. TORTOSA, 6) EN LÉRIDA DEL 12 AL 14 DE MARZO.