Blanca Oteyza y Miguel Ángel Solá, pareja artística y sentimental, regresan a los escenarios tras el éxito de su particular Diario para volver a tocarnos la fibra sensible con Por el placer de volver a verla, obra de Michel Tremblay que en breve podrá verse en Madrid. ¿Repetirán el mismo éxito?
Texto: PABLO GIRALDO
Se podrá comulgar más o menos con lo que Blanca Oteyza y Miguel Ángel Solá han dado en llamar el "teatro de las emociones", pero lo cierto es que las cifras hablan por sí solas y eso solo ya basta para certificar el éxito de esta pareja de actores que no se despega ni un momento. Su obra emblema, Hoy: el diario de Adán y Eva de Mark Twain, consiguió estar más de diez años en cartel y arrastró a sus protagonistas a una gira sin fin por medio mundo. "Yo esperaba jubilarme con esa obra, pero siempre notaba que faltaba gente por verla...", bromea Solá. "Ninguno de los dos somos ese tipo de actor que espera al lado del teléfono una llamada de trabajo, nuestra filosofía ha sido siempre producir nuestras obras y lanzarnos a la piscina. Tenemos un proyecto de vida en común y hemos conseguido muchas cosas grandes juntos", dice Blanca. El boca a boca funciona en su caso mejor que nunca, porque algo parecido a El diario... está sucediendo ahora con Por el placer de volver a verla, una historia de amor materno filial que el escritor homosexual Michel Tremblay ideó en forma de agradecimiento a su desaparecida madre, que se mueve en el mismo terreno emocional que su predecesora y que en breve se podrá ver en el Teatro Amaya de Madrid.
SHANGUIDE: ¿Solo os implicáis en un proyecto si podéis hacerlo juntos?
BLANCA OTEYZA: Cuando nos planteamos producir un proyecto e interpretarlo tiene que ver más con la sensibilidad, con las emociones que pueda sentir cualquiera y con toda clase de público. No es un eslogan, pero siempre decimos que hacemos teatro para todos. Queremos que parezca que quien cuenta la historia desde el escenario puede ser la misma persona que está sentada en la butaca escuchándola. Como espectadores también nos gusta otro tipo de teatro, pero a la hora de producirlo y actuar trabajamos así, hoy por hoy hay más teatro intelectual que emocional.
MIGUEL ÁNGEL SOLÁ: Nos gustó la obra porque tenía un humor muy blanco y los sentimientos eran muy claros, algo que buscamos constantemente en nuestra trayectoria. El diario... surgió cuando yo le di a Blanca el libro original que tenía olvidado en una esquina, y al ver sus reacciones ante el texto me dije ‘esta es la obra'. Aquí sucedió al revés, nos mandó el texto el director y descubrimos una semilla muy bella en la manera en que un hijo da las gracias a su madre por todo lo bueno que le ha pasado en la vida.
S: ¿Os imagináis un éxito similar a El diario?
MIGUEL ÁNGEL: ¡Yo sí! Ya que no pude jubilarme con El diario, quiero hacerlo con esta, pero le estoy cogiendo cariño al personaje... [risas] Yo soy de largas temporadas afortunadamente, me he agotado en y con pocos papeles y los he conocido a la perfección.
BLANCA: ¡Querrás decir jubilarte dentro de treinta años! [risas]
S: La gente que vaya al rebufo de El diario, ¿se decepcionará esperando ver una segunda parte?
MIGUEL ÁNGEL: Les va a encantar porque es otra forma de mirar el amor. Y quien vaya porque le contaron que El diario de Adán y Eva era un buen espectáculo descubrirá que no le mintieron, porque es la historia más normal y común que ocurre en todas las familias, la de la necesidad de amar y ser amado.
BLANCA: Está claro que toca la misma cuerda sentimental, siempre hay algo que te remite a El diario, pero afortunadamente la gente nos ha dicho que es completamente distinta.
S: El autor, Michael Tremblay, se murió sin confesarle a su madre su homosexualidad. ¿Se nota una sensibilidad especial en la manera en que lo refleja la obra?
BLANCA: Sí que notamos que había algo que el autor se había guardado hasta cierto punto. Un tío que a sus años decide hacer un agradecimiento de ese tipo a su madre nos hacía pensar que había algo que le faltaba por contar, y en ese sentido creo que nuestra adaptación consigue ese efecto, llega hasta el fondo con alguna pincelada más.
MIGUEL ÁNGEL: En la obra, madre e hijo no se juzgan en ningún momento y creo que en la vida real debieron llevar una relación similar. Aquí solo se menciona una vez de manera muy leve, se deja caer de manera muy sutil, y eso es todo un logro para unos personajes que viven en los años setenta. El autor sabe que en realidad ese no es el tema que más le preocupa, y es de una gran elegancia que se dé a entender que la madre lo sabe y acepta y que no es un tema a discutir.