Hace ya más de dos décadas que el director Stephen Frears acarició la perfección con Las amistades peligrosas, un cínico juego de máscaras en torno al arte de la seducción, las bajas pasiones y la perversidad moral. Por ello, resulta casi imposible no acordarse de aquella obra maestra al visionar la más deslavazada Chéri, sobre todo cuando sabes que ambas películas comparten director, guionista y protagonista, la actriz Michelle Pfeiffer.
Frears regresa a los ambientes sofisticados y a las intrigas amorosas, solo que esta vez no es la aristocracia francesa del siglo XVIII sino el París de la ‘belle époque' el que sirve de telón de fondo para narrar el autodestructivo romance entre una prostituta de lujo (la Pfeiffer) y el hijo de su mejor amiga (Rupert Friend). Ella es una cuarentona consciente de que se le agota el tiempo para seguir viviendo a costa de los hombres. Él, un joven de 19 años, hedonista y adicto al opio, cuya vida se resume en saltar de cama en cama y beber champagne.
Chéri mezcla dolor y vitalidad, dureza y fragilidad, ironía y melancolía. Habla de los daños que el amor puede suscitar en quienes siempre lo han eludido, del miedo al fracaso y a la soledad, del peligroso abuso de la lujuria y la frivolidad para disfrazar los verdaderos sentimientos, del paso del tiempo y el inevitable adiós a la juventud.
Como es lógico en un realizador de la talla de Frears, a la película no se le puede reprochar nada en lo puramente formal. Cuenta con un buen arranque en clave de comedia ácida, momentos de gran intensidad y algunos diálogos ingeniosos, pero comete el peor de los errores que se le puede reprochar a un drama romántico: que las emociones no traspasen la pantalla. Y eso a pesar del formidable trabajo de una Pfeiffer que eclipsa al actor Rupert Friend, que hace lo que puede frente a una actriz cuyo talento nunca se agota.
Por IVÁN ESTARÁS
Estreno 29 de enero
De STEPHEN FREARS
Con MICHELLE PFEIFFER, RUPERT FRIEND, KATHY BATES, TOBY KEBBELL.
REINO UNIDO-FRANCIA-ALEMANIA, 2009.